Presentació

En molts pocs dies hem pogut comprovar com els temps incerts esdevenen temps perillosos (Lluís Bassets [text 7]), amb una jornada de l’1 d’octubre en la que s’ha manifestat la voluntat d’una part molt important de la societat catalana d’expressar el seu desig d’independència i/o la seva protesta contra les actuacions dels poders de l’Estat (Juan Rodríguez Teruel/Astrid Barrio [text 1] Oriol Bartomeus [text 2]), accentuada el mateix dia per l’intent desmesurat -i fracassat- d’impedir per la força el referèndum unilateral il·legal (Miguel Ángel Presno); amb l’onada d’indignació ciutadana manifestada contra el excesos policials amb la vaga del 3 d’octubre; amb l’assetjament ciutadà a les forces policials estatals; amb una intervenció molt severa del Cap de l’Estat exigint el restabliment de l’ordre constitucional (Enric Juliana) [text 4]; amb l’amenaça creixent de l’aplicació de l’article 155 de la Constitució (Javier García Fernández); amb les actuacions de l’Audiència Nacional contra el major dels Mossos i els líders de l’ANC i Òmnium; amb l’espectre d’una immediata declaració unilateral d’independència (Lola García, editorials de La Vanguardia [text 5]i El Periódico [text 6] Lluís Bassets); amb divisions implícites en el bloc independentista (Andreu Mas-Colell [text 3]); amb contradiccions més explícites en el bloc constitucionalista; amb un nou afebliment de la imatge del president Rajoy i del seu govern (Fernando Garea, Antoni Gutiérrez-Rubí, José Ignacio Torrreblanca); amb els primers símptomes inequívocs de nerviosisme econòmic i empresarial (Xavier Vidal-Folch); amb l’aparició de múltiples iniciatives de mediació (Enric Juliana); amb el posicionament de les institucions de la Unió Europea (Pol Morillas, Carlos Closa [text 8]); amb la suspensió pel Tribunal Constitucional del Ple del Parlament del 10 d’octubre …

El cert és que el fatalisme resignat -per a uns- o il·lusionat -per a uns altres- del tòpic xoc de trens està sent susbtituït per l’agitació desordenada i -potser- a destemps per trobar fórmules que evitin el pitjor. El vertigen a les decisions irreparables i la por a les conseqüències  han fet -finalment- la seva aparició.

Gregorio Luri ha rescatat aquests dies una cita de Bossuet que trobem especialment indicada en la nostra situació: “Dios se ríe de los hombres que se quejan de las consecuencias al tiempo que eligen alegremente las causas”.

Juan RODRÍGUEZ TERUEL/Astrid BARRIO, “Cinco claves que definirán la evolución de Cataluña tras el 1-O” a Agenda Pública (2-10-17)

http://agendapublica.elperiodico.com/cinco-claves-definiran-la-evolucion-cataluna-tras-1/

Lamentablemente, la jornada del 1-O quedará marcada por las imágenes de violencia en los intentos de la policía por detener la celebración de la consulta organizada por la Generalitat fuera del marco constitucional. El día comenzó con un anuncio, por parte del Govern, del cambio de reglas en el funcionamiento de la votación, lo que implícitamente rebajaba el acto a un nuevo 9-N como el de 2014. De este modo, la falta de garantías se hacía más evidente. Los resultados finales, anunciados por el Govern a última hora del día, sugieren que el poder de convocatoria de esta consulta, en ausencia de la actuación policial de estas últimas dos semanas, habría sido no muy distinto del que se dio en 2014.

1o

Con ello, las estrategias de polarización de Mas/Puigdemont y Rajoy durante este tiempo parecen haber quedado abiertamente cuestionadas: estamos donde estábamos hace tres años, pero peor y con menos alternativas. Lo cual no significa que la situación no pueda empeorar aún más.

A pesar de que la ausencia de garantías de esta consulta la invalidaba como fuente de legitimidad, sus resultados seguirán emitiendo efectos importantes sobre el futuro inmediato. Ello dependerá de cinco variables clave.

Primera, ¿hasta qué punto la masiva participación de este 1-O, sumada al descontento provocado por la actuación policial, habrá alterado los equilibrios de poder dentro de la coalición soberanista que lidera este proceso? Desde las elecciones autonómicas de 2015, el ritmo de la política catalana ha estado fuertemente condicionado por la CUP. En los últimos meses esto ha llegado al punto de que la propia CUP ha obligado a los líderes del PDeCat a rectificar continuamente sus posicionamientos, como sucedió con la aprobación de la Ley de Transición o la probabilidad de declarar unilateralmente la independencia en los días posteriores a la consulta.

En la medida que la jornada del 1-O pueda haber significado un reforzamiento de la legitimidad del President Puigdemont, este podría reclamar ahora más autonomía respecto a la CUP.

Segunda, ¿habrá declaración unilateral de independencia (DUI)? La Ley de Referéndum, suspendida por el Tribunal Constitucional, establece que transcurridas 48 horas del referéndum con mayoría de Síes, el Parlament procederá a proclamar una DUI. Puigdemont pareció sugerirlo en su intervención al acabar esta jornada. Sin embargo, la decisión no está exenta de problemas. ¿Estarán de acuerdo en apoyar la DUI los 72 miembros de la mayoría secesionista? ¿Qué grado de descrédito podría generarse si en las horas o días siguientes la comunidad internacional no la reconociera y ni siquiera las administraciones públicas catalanas la obedecieran? ¿Y qué costes podría acabar acarreando para el autogobierno en Cataluña?

Recordemos que una DUI forzaría irremisiblemente al Gobierno central a poner en marcha los trámites de uso del art. 155 CE. Esta intervención podría acabar significando, entre otros, el cese de todos los altos cargos de la Generalitat y la redefinición de algunas políticas propias de la Generalitat.

Estos riesgos podrían llevar al sector más moderado del actual soberanismo, a distanciarse de esta deriva y abrir una grieta en el grupo dirigente del movimiento.

Tercera clave: ¿habrá elecciones? ¿Generales o autonómicas? Las primeras podrían convocarse si Rajoy no obtiene un apoyo explícito del PSOE a la posición del gobierno en la materia catalana en los próximos meses, o el PNV se resiste a seguir dándole apoyo a los presupuestos generales del Estado de 2108. No obstante, unas elecciones generales anticipadas no estarían exentas de riesgos para Rajoy, porque las encuestas de los últimos meses siguen sin asegurar que la suma de diputados PP +Ciudadanos le garantizara la presidencia a Rajoy, mientras que, en todo caso, estas elecciones implicarían el retorno de Sánchez al escaño en el Congreso.

En cambio, unas elecciones autonómicas parecen mucho más inciertas en el contexto actual, debido a las dificultades de la actual mayoría soberanista para reeditar una candidatura unitaria como Junts Pel Sí o incluso para mantener la mayoría absoluta con la CUP.

Cuarta, ¿hacia una campaña de movilización permanente del soberanismo? Una alternativa a las elecciones puede consistir en recurrir al ámbito en el que el movimiento secesionista se ha mostrado más fuerte hasta el momento: la movilización de protestas en la calle. En ese sentido, la primera decisión del 1-O ha sido anunciar la convocatoria de una huelga general el martes 3 de octubre, con la participación de UGT y CCOO, reacias hasta ese momento.  A partir de ahí, una parte del sector más radicalizado en el independentismo (la CUP y, curiosamente, sectores del PDeCat) puede apostar por conseguir mediante la movilización colectiva lo que las urnas se resisten a provocar: la crisis definitiva del Estado y, con ello, la quinta variable…

¿Intervendrá la UE? La apuesta decisiva de Puigdemont reposa en la internacionalización del conflicto, para que la UE obligue –desde el exterior- a la negociación entre España y la Generalitat. No obstante, esta parece la menos probable de todas. Aunque cada vez surgen más dudas entre muchos dirigentes europeos sobre cómo Rajoy está gestionando la crisis territorial, no es probable que los Estados miembros de la UE decidan sacrificar la autoridad nacional de uno de ellos para legitimar la insurrección de una de sus regiones. Sería un precedente peligroso en un contexto de creciente auge del populismo y de las expresiones política que oponen la voluntad del pueblo a la legitimidad de las autoridades estatales.

 

*****

Oriol BARTOMEUS, “Apunts ràpids sobre l’1-O” a La ciutat llunyana (2-10-17)

https://oriolbartomeus.blogspot.com.es/2017/10/apunts-rapids-sobre-l1-o.html

La hipòtesi bloody Sunday

Fa temps que s’especulava en alguns entorns que una de les maneres que podrien desbloquejar la situació a Catalunya passava, desgraciadament, per la violència. Incapaços els polítics de trencar amb l’empat de febleses, una acció de força podria decantar les simpaties d’aquells que no es manifestaven a favor d’un o altre contendent. Als del mig de vegades se’ls guanya pels camins més tortuosos i rebuscats.

La possibilitat d’un episodi violent era contemplat (que no volgut) per ambdós bàndols com un possible desllorigador de la situació. Un còctel molotov contra una caserna de la guàrdia civil o un policia que perd els estreps i dispara contra un grup de manifestants. Dos escenaris que de segur podrien moure simpaties en un sentit o un altre, i podrien cridar l’atenció internacional sobre el problema (sobretot en la segona hipòtesi).

El que ningú no s’esperava és el que va passar ahir. Una operació massiva de les forces de seguretat de l’Estat contra ciutadans pacífics i desarmats. Un bloody Sunday menys bloody però igualment eficaç en les seves repercussions. Perquè donava tota la raó al relat independentista sobre el feble esperit democràtic d’un Estat amb tics autoritaris, remetia directament al franquisme i la transició, que han estat un dels elements centrals de la campanya independentista (els cartells d’Òmnium, per exemple), i enviava una potentíssima senyal a l’exterior.

El mig es mou… però no tant

En el front intern, l’acció policial d’ahir (i les aparicions esperpèntiques del ministre de l’interior, la vicepresidenta i el president al llarg de la jornada) de segur que va moure simpaties cap al bloc independentista, a més de cohesionar-lo i atorgar-li la condició de víctima en una lluita desigual de David contra Goliat.

Ara bé, a la vista dels resultats proclamats pel govern de la Generalitat no sembla que aquest moviment hagi estat definitiu per modificar els equilibris en l’electorat català i donar a les tesis independentistes la majoria que pretenia.

Sense entrar en l’anàlisi de les xifres aportades per la Generalitat, tot sembla indicar que l’actuació desproporcionada de la policia ahir ha generat més un corrent de simpatia i suport tàcit que un veritable transvasament de suport explícit a l’independentisme d’una part dels ciutadans que conformen (conformaven) el tercer espai.

I ara què? Seguir, seguir, seguir…

Malgrat aquesta indefinició, el bloc independentista està compromès a continuar el full de ruta dibuixat en les lleis de desconnexió. Perquè no li queda altra sortida, ja que es va comprometre a “respectar” el resultat de la consulta. Seria inacceptable per a la seva gent que precisament ara (i amb les imatges de brutalitat policial d’ahir) el govern de la Generalitat s’aturés per demanar diàleg. L’única opció és continuar fins el final.

Per tant, aquesta setmana el govern emplaçarà el Parlament a assumir els resultats i declarar la independència de forma unilateral, el que molt probablement produirà una reacció per part del govern central, possiblement en forma d’anul·lació de l’autonomia (i detenció del president?).

La lògica de l’acció/reacció no s’aturarà després de l’1-O, perquè no s’ha produït un canvi significatiu en l’escenari que trenqui aquesta dinàmica. La bola segueix rodant muntanya avall sense control.

Hi ha gruix per a la DUI?

Aquesta és una de les incògnites que s’obren ara, i que els resultats d’ahir no esvaeixen. És evident (les dades ho diuen a totes les enquestes) que hi ha una grandíssima majoria que aposta per la sortida negociada al conflicte. També és bastant clar que prop de la meitat dels catalans voldria la independència. Però no està clar quants d’aquests estan d’acord amb una declaració unilateral.

Les paraules pesen, i de la mateixa manera que “referèndum” portava implícita una càrrega positiva de democràcia i expressió lliure la voluntat ciutadana, “unilateral” és un mot que, per a la majoria, conté una càrrega negativa. No serà fàcil fer passar la DUI pel Parlament, on poden reproduir-se les escenes de principis de setembre, que tan mal van fer al procés.

El sí és més plural del que sembla

És un error considerar els que ahir van votar sí com un bloc homogeni, sobretot per part dels dirigents independentistes. Ahir hi va haver un sí que vol la independència a qualsevol preu i un altre que no està disposat a pagar segons què. També hi ha votants que van optar pel sí com una manera d’obligar el govern central a asseure’s i pactar, ja sigui la independència o ja sigui una relació diferent entre Catalunya i Espanya.

És cert que les càrregues policials d’ahir van cohesionar aquest bloc, però no està clar que el pas següent compti amb tot el seu suport.

Per què ho fa tan malament el PP?

Del que va passar ahir, potser l’aspecte més xocant és la ceguera del govern central a l’hora de mesurar la reacció a l’acció policial, tant a Catalunya com de cara a l’exterior. Però és que probablement el PP no buscava millorar les seves taxes d’aprovació entre els electors catalans, sinó que perseguia un objectiu diferent.

Tot al llarg del conflicte català, des de fa més de deu anys, el PP ha tingut en el punt de mira un sol objectiu: el PSOE. I ahir no va ser diferent. La força desproporcionada desplegada ahir pels efectius policials buscava tallar qualsevol possibilitat als socialistes de poder conformar una majoria alternativa a la de PP-C’s al Congrés dels Diputats. Es tractava de lligar curt Sánchez.

El PSOE arraconat

Amb un escenari com el d’ahir, i el que s’espera en els propers dies, la direcció socialista va optar (altre cop) per la prudència i es va arrenglerar al costat del govern, amb alguna crítica per que no fos dit (no va ni demanar la dimissió del titular d’interior, que li hauria sortit gratis).

Possiblement anit Sánchez va deixar passar l’única oportunitat que tenia per distanciar-se de Rajoy i del PP, i és probable que ho pagui car. Ahir era el dia de l’audàcia, la que havia demostrat Sánchez quan va dimitir per donar la batalla interna (ahir precisament feia un any), però va preferir aparèixer com un home d’Estat.

El problema per a Sánchez és que amb una DUI damunt la taula, el seu marge de maniobra és possible que s’esvaeixi, i amb ell les seves opcions de bastir una alternativa al PP. Iglesias no es cansarà de disparar en aquesta direcció.

Cada cop hi ha menys marge

L’estretament del marge de maniobra no és un problema només per a Sánchez. Tots els dirigents polítics estan patint del mateix mal. Sembla com si tots haguessin entrat en un túnel que a cada pas es va fent més i més estret. A Rajoy, ja sigui per convicció (?) o per mandra, no li queda més remei que aplicar la línia dura. A Puigdemont tres quarts del mateix. Cap dels dos pot fer-se enrere, en part perquè han entregat la direcció estratègica a altres, que els van marcant les passes. A Junqueras, que en algun moment del procés podria semblar que tenia marge per explorar una via pròpia, també se li ha acabat el perímetre, i és probable que no pugui evitar un segon Junts pel Sí (i que s’ajorni sine die el seu somni de ser president).

Agendes ocultes

Hi ha més batalles dins de la batalla i hi ha més actors dels que apareixen a la foto. Els blocs enfrontats són menys blocs, ja que no tots els seus integrants juguen al mateix joc.

La pugna dins de l’independentisme entre pragmàtics i durs ha marcat bastantes fases del procés i és al fons d’algunes de les decisions que s’han anat prenent. De fet, la desconfiança entre ERC i el PDeCat és a l’origen de la deriva insurreccional del moviment independentista l’últim any, que ha donat la direcció efectiva a l’ANC, Òmnium i la CUP.

A Madrid també hi ha qui juga una guerra soterrada. Sembla evident que dins del govern hi ha diferents faccions, algunes amb una llarga trajectòria conspiradora, d’altres amb posicions de força des de les que impulsen una agenda que no és la de Rajoy (els jutges i fiscals, clarament). I també hi ha el factor humà, com sempre. Les petites batalletes o els llops solitaris, com el fiscal general de l’Estat, entestat a netejar el seu honor, “mancillado” pel Congrés.

El cant del cigne

L’opció per la línia dura d’ahir no es pot separar del que passa a Madrid. El sistema polític espanyol tal i com l’hem conegut des de 1978 ha entrat en fase terminal (de fet, està en temps de descompte des de 2014), i com succeeix en tots els casos com aquest, els durs han decidit evitar la caiguda, bo i apartant els febles o marcant-los la línia a seguir.

Qualsevol sistema que afronta la seva fase final pateix una deriva similar. Per tal de salvar el règim, aquest s’enroca, torna a les essències, s’encapsula, i fent-ho accelera la seva desintegració. És la “solución Arias” després de la mort de Carrero Blanco. Als sistemes els costa morir, i oposen una dura resistència al desenllaç. Són capaços de rebentar-ho tot abans de deixar-se anar.

Estem en aquesta fase. Allò d’ahir és el símptoma de la impotència del sistema del 78, quan ja no li queden més arguments que les porres per defensar-se. Trigarà més o trigarà menys, però el sistema polític espanyol està tocat de mort. La pregunta és quan de temps trigarà en morir i què s’endurà per endavant.

 

*****

Andreu MAS-COLELL, “El primer dia del que ve després” a Ara (2-10-17)

http://www.ara.cat/opinio/andreu-mas-colell-primer-dia-ve-despres_0_1880211995.html

Quin dia! Orgull. És el sentiment després de l’1-O. Un poble que es comporta com ahir ho va fer el català no podrà ser vençut. Avui ens hem llevat amb el cap i la moral molt alts. Avui som més forts, i ens hem de sentir més segurs que fa un mes. El camí cap a l’1-O, i l’1-O, han generat un impacte en l’opinió pública internacional que no afavoreix gens el govern central. L’actuació del govern espanyol (la brutalitat, les acusacions de sedició…) davant una mobilització exemplar de la gent ha causat revulsió. Catalunya ja és a la llista de problemes en els quals Europa sap que, tard o d’hora, s’haurà d’implicar.

Un referèndum amb tots els ets i uts no l’hem aconseguit fer. Sempre hem sabut que el govern del PP el podria desnaturalitzar si estava disposat a acceptar el cost de posar-se en evidència internacionalment. Ho estava i s’hi ha posat. Ells sabran el que es fan.

I nosaltres què farem, ara? Més enllà de les accions reactives de protesta que poden tenir lloc aquesta setmana, una opció és mantenir una posició ofensiva i anar directament a la DUI. Al cap i a fi, la independència té majoria al Parlament i si se’ns impedeix sistemàticament fer el referèndum que correspondria no ens podem paralitzar tot donant la clau del nostre futur a qui no ens vol bé. No discuteixo, per tant, la legitimitat de la DUI. Però crec que la pregunta que ens hem de fer és una altra, la de l’oportunitat: ¿on ens porta una DUI immediata? Potser decebré algú si dic el que a mi em sembla evident: d’aquí un mes Catalunya no serà independent. Si no hem tingut prou força per fer el referèndum que volíem, difícilment en tindrem per proclamar i afermar un estat independent. En si mateixa aquesta observació no desqualifica l’opció de la DUI. Es pot argumentar que un final d’etapa èpic té valor. Tampoc ho discuteixo. Si el govern central continua cometent errors, ho tenim garantit. Però pot ser un final patètic si no en comet tants, amb un govern de la Generalitat retorçant-se en el vent (“ twisting in the wind”, diuen els anglesos), exposat a la penosa evidència de no poder comptar amb la plena obediència de jutges, policies o empreses (a l’hora, per exemple, de recaptar impostos), i perdent, dia a dia, el suport internacional que ha anat guanyant. La DUI a curt termini és, doncs, un risc que cal avaluar amb el cap fred i sense confiar en excés en els errors de l’adversari.

Pitjor que la DUI seria que féssim la DUI per falta d’una altra cosa. S’ha imposat massa la idea que el govern de la Generalitat només té dues alternatives: la DUI o convocar unes eleccions autonòmiques que, inevitablement, connotarien desfeta i retorn a la política autonòmica tradicional. Però, en les circumstàncies actuals post 1-O, hi ha altres opcions.

Només un exemple. Imagineu-vos que s’anuncia, amb una certa solemnitat, que no es renuncia a res, però que durant un temps, d’entre un i dos anys, no es recorrerà a la unilateralitat (en podríem dir una “suspensió activa i temporal de la unilateralitat”). Es tractaria d’un missatge que s’enviaria ben alt als ciutadans de Catalunya, d’Espanya i, sobretot, del món. Per descomptat, continuaríem lluitant contra totes les agressions, passades i futures, a la Generalitat, i persistiríem a fer sentir la nostra veu arreu (aquesta és la part “activa”). Per què procedir així?: doncs perquè sempre hem sabut que la lluita serà llarga, perquè convé mantenir les estructures de resistència, per anar sumant sectors catalans que encara no han fet el pas o que tot just l’estan fent i, sobretot, perquè això serà aplaudit en un món que fixarà la mirada en el govern espanyol amb l’esperança que aprofiti el que interpretarà com a mà estesa. A ulls europeus, i del món, la banda catalana del conflicte es carregaria de raó. Faig constar que no és el mateix un encadenament de moviments tàctics en el dia a dia que impliqui, de facto, l’absència d’unilateralitat durant un període que una situació en què es fa un anunci previ de no unilateralitat per al mateix període. Això segon té molta més força i envergadura estratègica. Indica que continuem prenent la iniciativa i que no anem a remolc. També crec que no s’hauria d’anar més enllà en compromisos previs. Al final del període tot queda obert.

Si no se segueix el camí de la DUI, l’horitzó màxim d’unes eleccions autonòmiques són dos anys. Caldria, esclar, sospesar la possibilitat d’anar a eleccions a curt termini. Sé que és perillós i jo mateix he escrit que si el president acaba dissolent el Parlament i convocant eleccions autonòmiques seria un senyal de desfeta. Per tant, caldria ser molt curós. Després d’un 1-O que ens enorgulleix i ens enforteix, unes autonòmiques no serien un pas enrere si, i només si, es complís una condició: que Junts pel Sí es tornés a presentar amb un programa similar al que acabo de descriure, i que, com el 27-S, els tornéssim a donar un caràcter de plebiscit. Com ja vam dir el 27-S, si no podem comptar-nos en un referèndum ens comptarem aprofitant els processos electorals impossibles de prohibir. Afegeixo un matís important: si el govern de Madrid pretén destituir el president o el vicepresident, llavors el camí de les eleccions no l’hem d’emprendre. Els facilitaríem la feina.

Tampoc hauríem d’oblidar que el 2019 hi ha eleccions europees, una altra magnífica oportunitat de comptar-nos i enviar un missatge potent de la vocació europea de Catalunya. Tinguem-ho ben present: arribats on hem arribat, Europa és un factor determinant del nostre esdevenidor.

 

*****

Enric JULIANA, “Artículo 155 a la vista” a La Vanguardia (4-10-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20171004/431779983185/articulo-155-a-la-vista.html

“Los legítimos poderes del Estado van a asegurar el cumplimiento del Estado de Derecho”. Este es el mensaje principal del discurso del Rey anoche. Un discurso que da un giro importante a la situación, en la medida que se pone en cabeza –y no detrás– de la respuesta del Estado a la situación creada en Catalunya.

Felipe VI dio anoche un fuerte palmetazo sobre la mesa, ante el asombro de aquellos muchos catalanes que esperaban empatía hacia los sentimientos mayoritarios de protesta e indignación por los acontecimientos del pasado domingo. Ayer, Catalunya paró. Ninguna mención explicita al diálogo, esa palabra tan invocada estos días a modo de airbag, por instancias tan distintas como la Comisión Europea y la Conferencia Episcopal Española. Ninguna palabra en catalán. El Rey responsabiliza exclusivamente a los gobernantes de la Generalitat de la situación creada, a los que acusa de “deslealtad”. Un discurso severo. Un discurso que con toda seguridad ha galvanizado a una parte importante de la opinión pública española. El Estado va a defender la unidad de España.

Estamos en el preámbulo de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, inspirado directamente en el artículo 37 de la constitución federal alemana de 1949, conocida también como la ley fundamental de Bonn. Para la activación del citado artículo es necesaria la aprobación del Senado, por mayoría absoluta. Como es bien sabido, pese a sus malos resultados en el Congreso, el Partido Popular fue capaz de retener la mayoría en el Senado en las elecciones generales del 26 de junio de 2016. En términos jurídicos, toda esta ya dispuesto para dar ese paso, sólo falta que el presidente del Gobierno dé la orden. La aplicación del artículo 155 no suspendería la autonomía de Catalunya. El Estatut seguiría vigente. El 155 permitiría al Gobierno hacerse cargo durante un determinado periodo de tiempo de las competencias de la auto­nomía que estime necesarias

para asegurar el orden consti­tucional, desde la dirección or­gánica de los Mossos d’Esquadra, hasta la competencia presi­dencial para la disolución del Parlament y la convocatoria de elecciones autonómicas, para ­poner dos ejemplos. Dos ejemplos que hoy son pertinentes. Los Mossos se hallan claramente en el centro de la crisis. Y la pérdida de la competencia para convocar elecciones es una de las medidas que más teme el actual estado mayor de la política catalana.

La enorme severidad del discurso del Rey –sin duda alguna la característica más decisiva del discurso leído anoche– no debiera oscurecer su reivindicación de la Constitución como marco para la resolución del conflicto. Fuera de ese marco no hay diálogo posible. Este es el mensaje de Felipe VI, guste mucho, o no guste nada. La cacelorada en Barcelona se oyó anoche hasta en la isla de Cerdeña. Cacerolas y silencios. También hay que consignar el aplauso silencioso o la aceptación pragmática de miles de catalanes.

El discurso del Rey anoche fabrica realidad política. El PSOE ha sido llamado a filas. Corresponde ahora a los gobernantes catalanes tomar una decisión. Tienen tres opciones.

Primera. Suspender toda nueva iniciativa por un tiempo determinado, para capitalizar las energías acumuladas y enviar un mensaje de serenidad al exterior. Una pausa inteligente para emplazar al Gobierno central a un diálogo reformista. Esta es la propuesta defendida, entre otros, por el exconseller Andreu Mas-Colell, uno de los hombres mejor preparados de la esfera soberanista.

Segunda. Convocar elecciones de inmediato para que sea el pueblo de Catalunya el que decida libremente que rumbo a tomar, vista la experiencia de estos últimos dos años. Serían unas elecciones tremendamente interesantes que obligarían a todos los partidos a afinar muy bien sus propuestas.

Tercera. Efectuar una declaración de unilateral de independencia en un Parlament abierto en canal, declaración que sería anulada inmediatamente por el Tribunal Constitucional, que no sería reconocida por ningún país importante del mundo, y comportaría la intervención parcial de la autonomía.

Está en juego la institucionalidad catalana, la gran victoria de Josep Tarradellas y de las fuerzas democráticas en 1977. La calle no sustituye la institucionalidad. Aunque el ruido de las cacerolas se oiga hasta en Córcega y Cerdeña, la calle cambia siempre de temperatura. Los titulares de la prensa extranjera no son un cheque en blanco.

La continuidad de la institucionalidad catalana, esa es la clave, una vez oído al Rey.

 

*****

Editorial de La Vanguardia (5-10-17): “La DUI seria un greu error”

http://www.lavanguardia.com/opinion/20171005/431798243641/la-dui-seria-un-greu-error.html

Els que viuen a Catalunya pateixen aquests dies en la pròpia pell la tensió associada a la crisi d’ Estat que ha motivat el procés sobiranista. Per això aprecien qualsevol iniciativa que contribueixi a relaxar-la. És possible que els qui resideixen més enllà de l’ Ebre tendeixin a pensar, per simple desconeixement del nostre dia a dia, que la tensió no és tal, que no n’hi ha per a tant, que tot acabarà en res. Però, si pensessin així, s’equivocarien. La caldera ha assolit una temperatura altíssima i pot esclatar en qualsevol moment. La crida feta des del poder català i per les entitats sobiranistes perquè els partidaris de la independència es manifestin als carrers pot tenir greus conseqüències. El carrer, malgrat que alguns el reclamin com a propi, no és d’ells, sinó de tots els ciutadans. I en aquest tots s’inclouen els que pensen de manera diferent dels sobiranistes. Ja hi va haver dimarts algun xoc a cops de puny a la via pública. També situacions de gran nerviosisme, com la registrada a última hora, aquell mateix dia, a Via Laietana, on van estar a punt de col·lidir tres manifestacions de signe divers. És fàcil portar la gent al carrer. Ho és menys aconseguir que mantingui sempre les maneres. O que torni a casa quan els ànims s’han crespat, les ofenses volen i aflora l’impuls de passar a les mans.

Per desgràcia, la tensió no es dona únicament al carrer. Té el seu correlat als despatxos de la Generalitat on es va traçant el rumb del procés independentista. Damunt la taula d’aquests despatxos hi ha ara la declaració unilateral d’ independència ( DUI), sense calendari encara concret. Alguns líders sobiranistes eren partidaris de proclamar la independència aquesta mateixa setmana. Però aquesta proposta sembla que ha estat ajornada. Ahir, Junts pel Sí i la CUP van demanar “un ple ordinari excepcional” del Parlament per a dilluns vinent, sense especificar si s’aprofitaria per presentar la DUI, però suscitant una immediata reacció dels lletrats de la Cambra, que van recordar el seu “deure d’impedir o paralitzar” una sessió que pugui concloure en DUI. Tot i això, és un fet que els directors del procés estan estudiant l’aplicació d’aquesta DUI, i que els sectors sobiranistes més radicals la volen fer efectiva immediatament. El mateix president de la Generalitat, Carles Puigdemont, va dir a la BBC que la proclamació era, pel cap alt, cosa de dies.

Davant aquesta conjuntura, La Vanguardia  vol expressar de manera inequívoca la seva opinió sobre aquesta possibilitat: la proclamació de la DUI seria un gran error, que tindria uns efectes potencialment desastrosos per a Catalunya. Els tindria perquè, en l’improbable cas que prosperés, comportaria uns efectes econòmics i socials que han estat sistemàticament i irresponsablement ocultats o minimitzats pel sobiranisme. Els tindria també perquè, en el més probable cas que no prosperés, ens podria situar en una nova esfera administrativa d’incerta evolució. Podria propiciar l’aplicació de l’article 155 de la Constitució. En virtut del quan, tot i sense derogar l’Estatut, el Govern central, que ja administra els comptes catalans, podria aconseguir el control directe de la Generalitat, incloent les competències sobre els Mossos d’Esquadra, així com les requerides per a la dissolució del Parlament o la convocatòria d’eleccions autonòmiques. Dit d’una altra manera, el 155 representaria per a Catalunya, en el supòsit que el Tribunal Constitucional anul·lés tot d’una la DUI, un enorme retrocés en termes d’autogovern. Aquestes i altres càbales es reiteren, per cert, sense suscitar reconeixements dignes d’esment entre les democràcies del nostre entorn més immediat (que, per cert, ja van reaccionar davant les mobilitzacions de l’1- O amb menys entusiasme del que s’esperava, per exemple, al Palau de la Generalitat). I que davant una DUI sempre donarien suport a l’ Estat espanyol i no pas a Catalunya. Per no dir que la DUI significaria el suïcidi per als seus principals impulsors i d’una part considerable de la classe política catalana.

El camí adequat per resoldre els problemes d’encaix de Catalunya a Espanya no passa, en suma, per la DUI. Aquests problemes existeixen, són totalment innegables, i la millor prova d’això és que ens han portat fins a la conflictiva conjuntura actual. Però ni una DUI ni l’article 155 no contribuirien a esmenar-la. Molt al contrari, l’empitjorarien i demorarien llargament la seva solució. La DUI, presentada com a culminació d’un procés, podria representar a l’hora de la veritat l’inici d’un període fosc per a Catalunya.

Els temors que desperta aquest procés no se situen només en el futur. També tenen el seu reflex actual. La incertesa que marca el present té ja un cost tangible, comptable. Inversors estrangers estan ajornant operacions previstes al nostre país, en espera d’una época de més estabilitat. Les entitats bancàries catalanes –però també les espanyoles– estan encadenant preocupants caigudes borsàries. L’ Ibex se’n ressent. És aviat per quantificar-ho, però alguns indicis assenyalen que les reserves turístiques, colpejades aquest estiu pels atemptats del 17- A, han conegut temps millors. Hi ha notícia confirmada d’algun trasllat d’empreses catalanes a Madrid. La seu de l’ Agència Europea del Medicament, a la qual Barcelona aspira, continua en l’ aire…

Insistim, per tot el que hem dit fins aquí, en la urgència d’entrar en una fase en què la negociació s’anticipi a qualsevol mesura dràstica, ja sigui presa a iniciativa del Govern de la Generalitat o del Govern central. En aquest sentit, és reconfortant saber que les ofertes de mediació floreixen aquests dies, amb cert retard, és cert, però també amb un ímpetu primaveral. En aquesta línia s’han manifestat des de Pablo Iglesias, líder de Podem, fins al lehendakari Iñigo Urkullu. L’ Església ha mantingut, amb la discreció que la caracteritza, alguns contactes polítics a molt alt nivell. Encara podríem dir més. Davant el fracàs de la política, han començat a sorgir propostes concretes i força esperançadores. D’entre totes, destaca la comissió de diàleg impulsada per l’advocacia catalana, recollint una proposta editorial d’aquest diari, que ha obtingut ja la complicitat d’altres col·legis professionals, també d’universitats, patronals, sindicats i altres estaments de la societat. Aquesta complicitat s’ha aconseguit a més en molt poques hores. La qual cosa ens porta a concloure que, davant les accions de força o de mà dura que proposen les dues parts enfrontades, hi ha una societat que desitja i exigeix una solució negociada del conflicte. I que és a aquesta societat a qui els polítics, tant els que representen al Govern català com els que representen al Govern central, es deuen.

 

*****

Editorial de El Periódico (5-10-17): “Per Catalunya, eleccions”

http://www.elperiodico.cat/ca/politica/20171004/referendum-eleccions-editorial-elperiodico-6332661

L’estabilitat i la convivència de Catalunya estan avui seriosament amenaçades. Aquest conflicte, que va tenir l’1-O la seva expressió més brutal, sembla que aboqui irremissiblement a una declaració unilateral d’independència (DUI), sense empara legal ni legitimitat democràtica, i a la liquidació total o parcial de l’autonomia catalana, d’efectes imprevisibles. No toca resignar-se davant la creixent tensió social i política; urgeix buscar alternatives respectuoses amb la llei i la voluntat dels catalans. Només unes immediates eleccions poden evitar la catàstrofe, salvaguardar l’autogovern i verificar el verdader suport social de l’independentisme.

No és fàcil proposar solucions davant la greu situació que pateix Catalunya quan no ho han fet els que ho haurien de fer, abocant-nos entre excessos i omissions al carreró sense sortida en el qual estem. La irresponsable contraposició independentista entre legalitat i legitimitat amb prou feines deixa espai per on transitar. Com recordava ahir el Cercle d’Economia, el moment exigeix lideratge i iniciativa política. El líder que diu ser Carles Puigdemont no ho és des del moment que es limita a amagar-se rere les mobilitzacions ciutadanes, que expressen un desig respectable però que han de trobar vies d’expressió que no violentin les regles compartides ni generin en la meitat de la societat catalana el greuge que ara al·lega l’altra meitat. La declaració unilateral d’independència (DUI) és simplement una concessió a la pròpia afició, donar corda als més convençuts sense reparar en les conseqüències per a la convivència i per al propi autogovern català. L’independentisme errarà si dilapida el crèdit acumulat –sigui poc o molt– gràcies a la seva tenacitat i civisme reincidint en l’unilateralisme. Aquest ja ha demostrat els seus límits en el conat de referèndum de l’1-O i es farien encara més palmaris si el propòsit fos crear un Estat, com ha assenyalat encertadament l’exconseller Andreu Mas-Colell.

PUIGDEMONT HA DE SENTIR les veus del seu propi partit, de sectors d’Esquerra i de les entitats sobiranistes que li demanen que supediti qualsevol pas en el seu camí cap a la independència a una celebració prèvia d’eleccions, convocades sota la legalitat espanyola vigent i no sota la suspesa pel Tribunal Constitucional. Així mateix, l’independentisme ha de tornar al tauler de l’Estat de dret i comprometre’s a protegir els drets dels catalans, de tots, i a respectar els estàndards democràtics d’Espanya i de la resta de la UE. Ningú pot pretendre que Puigdemont abdiqui dels seus principis; només que els defensi amb respecte a la llei i atenent la voluntat popular expressada en unes urnes menys èpiques que les de l’1-O, però plenament legítimes.

EL GOVERN DE RAJOY, lògicament, no podria aturar els procediments oberts als tribunals pel fet que se celebressin eleccions. Però sí que podria, sense posar en perill l’ordre constitucional, modular les iniciatives que són de la seva directa competència: el desplegament de la fiscalia en els diversos sumaris oberts, l’extrem control de les finances de la Generalitat o l’ajornament de mesures excepcionals com l’aplicació de l’article 155, sempre que el bloc independentista no faci nous salts al buit. Igualment, unes eleccions ordinàries permetrien al Govern del PP practicar a Catalunya la política que ha resignat en els últims sis anys i que ara li reclamen, de manera prudent i educada però també unànime, els seus socis de la UE. ¿Per què no pensar en la possibilitat d’una oferta compartida en el programa electoral dels partits que al Congrés dels Diputats han col·laborat en el fre al desafiament català? Si, paral·lelament, els partits sobiranistes fessin el mateix en els seus programes, els ciutadans podrien indicar-los als uns i als altres el camí a seguir l’endemà de les eleccions, i ells podrien negociar una síntesi que no necessitaria ni tan sols dels incerts intents de mediació que proliferen en aquests dies crucials. Es tractaria de reconèixer-se recíprocament la legitimitat de cadascú, en l’entorn d’una legalitat compartida fins fa un mes.

LA CONSTITUCIÓ ha sigut un fructífer marc de convivència des del 1978. No convé abandonar-lo abans de tenir un substitut que disfruti, com a mínim, dels mateixos suports que tenia fins fa set anys, quan les formes, no només però sí fonamentalment, es van perdre a ulls d’alguns en la sentència contra l’Estatut. Aquell trajecte serà llarg i complex, no permet unilateralitats ni excessos, però és l’únic transitable. Val la pena recórrer-lo si la política assumeix com a valor suprem la convivència, que ha de ser estimulada i promoguda des de les institucions. Les imatges dels últims dies al Parlament, als col·legis electorals, als balcons de les cases o davant dels cossos policials no s’han de repetir.

 

*****

Lluís BASSETS, “La visita de la por” a El País (4-10-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/10/04/aixo_va_de_democracia_blog_contra_l1o/1507108008_952504.html

La vella i sinistra dama ha vingut de visita. Porta encàrrecs de tothom, siguem sincers i no ens atinguem a sectarismes: d’una banda i de l’altra, tots li han demanat que ens faci arribar els seus missatges i obeïm els seus designis, de manera que ens paralitzi l’enteniment i les voluntats.

D’una banda, el gran i monstruós Leviatan, l’arcaica bèstia marina sovint oblidada que Hobbes va adoptar com a símbol de l’Estat, se’ns ha presentat de sobte i en viu. I això que aquí, diumenge, només va ensenyar l’ungla esmolada i bruta d’una de les seves grapes, probablement la més petita, encara que en va tenir prou per sembrar el dolor i la consternació només d’una esgarrinxada. Ho ha explicat molt bé aquí mateix Cristian Segura, que l’ha vist moltes vegades de ben a prop i ha sabut dominar l’ansietat que provoca la seva mera visió. Saber que ja és aquí ens dona tota una idea del moment polític al qual hem arribat. Millor no imaginar-se com serà si es desferma i ens colpeja amb tota la força de la seva bestialitat.

De l’altra, observem fascinats com incubem l’ou d’una serp nova, un petit Leviatan que ja vol néixer, lluny encara de la mida adequada però ja amb els mateixos designis i fins i tot reflexes de la paüra pròpia de l’original. Ho va dir clarament Carles Puigdemont el primer de juliol en una reunió d’alcaldes que ja des d’aleshores es manifestaven preparats per posar les urnes aquest primer d’octubre tan agitat.

“Fem por i més por que farem” va dir el president rebel. Tenia tota la raó i encara es va quedar curt. La por ja s’ha instal·lat en la nostra vida quotidiana i ja ens mou a retreure’ns, a callar o a participar en actes i esdeveniments de moltes menes que la vella dama ens va suggerint. És així com l’economia de la por és la que regeix la vida política catalana des que va ser invocada pels seus màxims dirigents.

Vam patir una incursió primera, violenta, salvatge, que ens va despertar de la letargia dels temps innocents, quan no hi havia pors ni angúnies que interferissin en les nostres decisions i desitjos. Van ser els atemptats del 17 d’agost, immediatament aprofitats per encunyar una expressió negacionista, inventada per algú que ja pensava en l’endemà. “No tenim por”, cridaven els manifestants contra el terrorisme, sense saber que preparaven així els eslògans per encarar-se a la policia espanyola en el moment més arriscat del Procés.

La vella dama no falla i passeja per tot arreu la seva figura sinistra i escardalenca. Ha vingut de visita i ha quedat ben clar que li agrada la ciutat i el país que ara l’acullen. La vàrem veure diumenge, desafiada per les multituds als col·legis electorals. L’estem sentint també dins de les cases i als despatxos, en les converses interrompudes entre familiars i amics. La massa la reclama per moure’s, per fer-se gran, per assetjar els dissidents o per enfrontar-se a les forces armades. Ens parla amb el soroll dels rotors dels helicòpters i amb els crits de la multitud, amb els trets de fogueig i amb les bales de goma i els gasos lacrimògens que sempre acaben sortint quan és a l’asfalt on es lliura la baralla pel poder.

Mentien els qui dèiem que no teníem por, perquè en tenim, i molta. Deia la veritat, en canvi, el president quan deia que feia por i que en faria molt més encara. La vella dama va venir de visita i ja s’ha aparellat, ara amb Puigdemont, ara amb Rajoy, els presidents de la por.

 

*****

Carlos CLOSA, “Las opciones del secesionismo catalán ante la Unión Europea” a Agenda Pública (4-10-17)

http://agendapublica.elperiodico.com/las-opciones-del-secesionismo-catalan-ante-la-union-europea/

El argumentario de los secesionistas catalanes se ha construido sobre tres premisas explícitas relativas al papel de la Unión Europea (UE). Por una parte, se asume que colocada entre España y los secesionistas catalanes la UE trataría en pie de igualdad las demandas de los secesionistas con las posiciones del estado español; de ahí que las voces de varios actores políticos, incluyendo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, el conseller de asuntos exteriores, Raúl Romeva e incluso el Grupo Verde del Parlamento Europeo coincidieron, en fechas previas al 1-O, en su petición de mediación a la Comisión Europea. Y después de los lamentables sucesos del 1-O, el Govern ha pedido formalmente la mediación europea. Por otra parte, se asume que una hipotética Cataluña independiente tendría opciones de adherirse a la UE incluso en el caso de una secesión unilateral (vid los argumentos aquí) o que, finalmente, podría mantener su pertenencia sin solución de continuidad en el caso de una secesión pactada con el estado español.

Ninguna de las premisas se sostiene con una interpretación mínimamente rigurosa del Tratado de la Unión Europea. En primer lugar, la Comisión en particular y la UE en general están obligadas a respetar la integridad territorial de sus estados y el ejercicio de las funciones esenciales de los mismos, incluyendo el orden público y el mantenimiento de la seguridad. De ello se deriva que la actuación de la Comisión sin el consentimiento expreso de las autoridades españolas vulneraría los tratados. Los secesionistas esgrimen en contra que esas mismas autoridades podrían estar violando los valores del artículo 2, específicamente, conculcando derechos de asociación y libertad de expresión, y apelan al respeto del valor de la democracia contenido en el mismo lugar para justificar la intervención de la UE. Como este último argumento fundamenta la propuesta sobre la compatibilidad de la secesión unilateral con la adhesión a la UE, me referiré a él a continuación.

La validez y legitimidad de la secesión unilateral en el cuadro de la UE la construyen sus defensores apelando al principio democrático: dado que la UE reconoce este valor, deducen un deber de reconocer, por lo tanto, una decisión democrática (mayoritaria) de una población. Sin embargo, ninguno de los proponentes de esta tesis ha explicado de dónde proviene la obligación para una entidad política de reconocer los efectos que sobre ella tienen decisiones tomadas por un grupo si esas no han sido establecidas de antemano. Ténganse en mente la suerte que corrió la decisión, tomada en referéndum por los ciudadanos griegos de no aceptar los términos de su rescate (y compárese con el referéndum del Brexit, amparado por una disposición explícita en los tratados).

El contrargumento más habitual a la invocación del principio democrático apela al principio de legalidad (inserto en la noción más amplia de estado de Derecho). De nuevo, autores próximos a las tesis secesionistas (vid nota 1) sostienen que, en caso de oposición entre ambos valores (sic), la UE tendría que arbitrar una solución. Esto contradice la naturaleza de la propia Unión que descansa en una comprensión integral de sus valores, esto es, no se conciben separadamente y, mucho menos, en oposición. La Comisión Europea se ha encarado, desde 2012, con los gobiernos húngaro y polaco (desde 2015) quienes han acometido proyectos de reforma política “iliberales” (Orban dixit) apelando, precisamente, a su mayoría electoral (democracia) y, para ello, la Comisión ha invocado, precisamente, el respeto del “estado de derecho”: la existencia de una mayoría electoral no permite conculcar principios esenciales del ordenamiento comunitario, como el respeto por el estado de derecho. Suponiendo (como ejercicio intelectual) que la Comisión se prestase al ejercicio de arbitrar entre principios, la pretendida secesión unilateral tendría que satisfacer el test de legalidad y las leyes del parlamento catalán fundantes de ese proceso (como la ley de referéndum y la ley de transitoriedad) tendrían que encarar el test de compatibilidad con los estándares europeos. Sobre la primera, la Comisión de Venecia ya ha manifestado (informalmente, dado que ninguna autoridad española lo ha solicitado) la necesidad de cumplir con la Constitución y la legalidad. Que un órgano independiente certifique como compatible con el principio de legalidad una ley que viola no sólo la Constitución sino el propio Estatuto de Autonomía catalán, que ha sido adoptado mediante un procedimiento de dudosa validez en cualquier otro entorno y burlando las recomendaciones del propio Consejo de Garantías Estatutarias, es más que dudoso; eso sí, este es un test que los secesionistas deberían estar dispuestos a pasar.

Un argumento adicional sobre la inviabilidad de la secesión unilateral remite al principio de cooperación leal entre los estados que el tratado exige: llevado a su extremo interpretativo, se podría concebir que el reconocimiento hipotético, por parte de los miembros de la Unión, de un estado surgido de una secesión unilateral choca con el Tratado de la UE, y el estado original podría activamente reclamar el respeto a tal principio.

Finalmente, la tercera premisa hace referencia a la posibilidad de una adhesión sin solución de continuidad en el caso de una secesión pactada con el estado original. Este argumento fue discutido extensamente en el caso escocés apelando, por una parte, al principio democrático (esto es, la obligación de la UE de reconocer una decisión democrática) y, por otra, a la no privación de derechos para las personas. Sobre el primer punto, aplica lo dicho más arriba: por muy democrática que sea, un grupo de ciudadanos no tiene justificación para imponer a terceros las consecuencias de su decisión (mayoritaria) si esta obligación no se ha formalizado previamente. La posible privación de derechos tiene algo más de enjundia. Desde luego, es una consecuencia de la decisión tomada para aquellos que la toman, así que pretender ignorar las consecuencias de la misma aboca a un modelo de democracia Peter Pan, sin responsabilidades. Admítase, sin embargo, que privar de derechos no es el mejor estándar de comportamiento (incluso cuando es consecuencia de los actos de los portadores de esos derechos). Se podría pensar que la UE podría arbitrar soluciones transitorias para mantener los derechos de esas personas, pero en ningún caso eso puede equivaler a reconocer derechos de estatalidad ni al mantenimiento total del acquis de pertenencia a la UE. Adquirir soberanía tiene el lado poco simpático de tenerse que ganar un puesto en el club de estados.

(1) A. González Bondía, ‘La Unión Europea ante el reto del derecho a decidir’, in E. Segarra, (ed.),¿Existe el derecho a decidir? Preguntas y respuestas sobre el proceso abierto en Cataluña’, (Tibidabo Edicions 2014), p. 123; J. Ridao Martín, La Unió Europea i els nous Estats sorgits per secessió dels seus membres. Una hipòtesi per Catalunya’, Revista Jurídica de Catalunya 2014, vol. 113, p. 331; J. Ridao Martín  and A. González  Bondía, La Unión Europea ante la eventual creación de nuevos Estados surgidos de la secesión de Estados miembros’, Revista de Derecho de la Unión Europea núm. 27-28 (2014) p. 363