Presentació

Després de la reunió del G-20 a Hamburg, en la que s’ha vist ratificada la voluntat del president dels Estats Units d’actuar al marge de la comunitat global, sembla pertinent la pregunta que planteja Andrés Ortega (text 1): té sentit la governança global sense els Estats Units? Una pregunta que té una resposta incerta si es té en compte que la “comunitat global” és més una aspiració geenèrica que una realitat tangible (Dani Rodrik). Per una visió general dels interessos contraposats dels membres del G-20, veure el dossier de Project Syndicate, elaborat sobre la base dels articles dels seus col·laboradors.

Les expectatives d’un rellançament polític de la Unió Europea (Joseph S.NyeEurobaròmetre especial) s’han focalitzat en excés sobre Emmanuel Macron, però la seva viabilitat depén en gran part del determini que prengui Alemanya. The Economist  (text 2) ha publicat un dossier sobre el que denomina el problema alemany. I Hans Kundnani -autor de La paradoja del poder alemán (Galaxia Gutenberg- en una entrevista a La Vanguardia explica les dificultats alemanyes per assumir un rol explícitament hegemònic a Europa.

La referència a la evolució política i econòmica recent de Portugal com a possible model a aplicar a Espanya, mereix una anàlisi crítica com la que exposa Jonás Fernández a Agenda Pública, en la que subratlla que la política econòmica menada pel govern d’Antonio Costa no hagués estat possible fora del marc de les directrius  la Unió Europea.

Noves enquestes sobre les previsions electorals a Espanya confirmen que l’”efecte Sánchez” està sent positiu per a les expectatives electorals socialistes, en detriment d’Unidos Podemos, però sense posar en risc la majoria minoritària del PP (Jaime Miquel & Asociados/Público; NC Report/La Razón; Celeste-Tel/eldiario).

Entre les decisions polítiques rellevants dels últims dies destaca l’acord entre el PP i Ciudadanos per aplicar una rebaixa fiscal. Fernando Gutiérrez del Arroyo considera que la rebaixa de l’IRPF, l’extensió de l’impost negatiu i el complement salarial als joves configuren un marc fiscal més progressiu. En canvi, José Moisés Martín ho veu contraproduent: “El acuerdo entre Ciudadanos y el Partido Popular podría haber destinado estos recursos –por cierto, que no sobran en un país con un déficit público estructural por encima de los requisitos de la Unión Europea- a financiar o apoyar una serie de políticas que se dirigieran con mayor precisión a aquellos que más han sufrido las consecuencias de la crisis, o al menos a reforzar los sectores que deberían contribuir a fortalecer nuestro modelo de crecimiento para generar más empleo y de mayor calidad”.

Una de les reformes estructurals pendents és la reforma del sector públic espanyol,  sobre la que Carles Ramió esbossa un diagnòstic i uns criteris d’actuació.

En relació a la fase final del procés independentista, segueix la polèmica sobre les garanties previstes en el text anomenat “llei del referèndum” (editorial d’Ara; Carles Boix, Eduard Roig, Teresa Freixes) ; puja de to la tensió entre el bloc independentista i els Comuns (Ada Colau, Sergi Pàmies, Kepa Aulestia); i afloren les contradiccions internes dins del Govern en relació als costos polítics i personals d’una acció unilateral i il·legal (Lola García).

Per orientar-se en el mapa polític en ebullició resulta mot útil el diccionari que ha confeccionat Jaume Pi, publicat a La Vanguardia (text 3).

Des de la distància, Timothy Garton Ash -representant insigne de la raó liberal- analitza el complicat moment català en el context europeu i global (text 4)

I, per tancar aquest Focus setmanal,  Emily Parker adverteix de la demonització interessada de les xarxes socials des dels poders públics (text 5).

 

 

Andrés ORTEGA, “Del G-20 al G-Cero: gobernanza global ¿sin Trump?” al blog del Real Instituto Elcano (11-07-17)

http://www.blog.rielcano.org/g20-g-cero-gobernanza-global-sin-trump/

Trump, por su actitud de rechazo al acuerdo de París contra el cambio climático, socavó el G7 (que ya antes había expulsado a Rusia). En Hamburgo, su actitud nacionalista y proteccionista de America First no ha paralizado el G20, pero en buena parte lo ha vaciado pese a la profusión de contenidos en la declaración final y otros documentos que condenan el proteccionismo, el terrorismo internacional, ponen en pie un plan de acción para el crecimiento y una iniciativa para África, o incluso, entre otras propuestas acordadas, se comprometen a luchar por el empleo juvenil en las zonas rurales o con la formación de las mujeres jóvenes. Pero el problema del G20 no ha sido nunca lo que dice –aunque negociarlo cueste muchos esfuerzos diplomáticos–, sino más bien lo que no dice y, sobre todo, lo que no hace. En parte se ha evitado que la cumbre de Hamburgo quedara en un acuerdo de G19, es decir, sin Estados Unidos. Pero nada garantiza que no estemos, realmente, ante un G-Cero. “El mundo no ha estado nunca tan dividido”, dijo el presidente francés Emmanuel Macron en Hamburgo. Si lo ha estado, pero éste es otro mundo mucho más interconectado –lema de este G2–-, para lo bueno y para lo malo.

Pues, ¿quién manda en el mundo? En estos momentos nadie. Ni siquiera en grupo. Trump había lamentado antes en Varsovia que Occidente pierda pie, pero Occidente no sólo se ha quedado sin líder –nadie se fía de Trump– sino que es un concepto esencialmente globalizador y el actual presidente de EEUU es un desglobalizador. Puede ser algo temporal, lo que dure Trump en la Casa Blanca, aunque no hay que olvidar las causas de Trump, pues hay tendencias subyacentes que muestran que las raíces son profundas y le anteceden.

La cuestión es si puede haber gobernanza global sin Estados Unidos, la mayor economía del planeta, el mayor poder militar, tecnológico y cultural, aunque en estos cuatro aspectos esté perdiendo terreno. ¿Pueden los demás seguir gestionando el mundo sin el concurso estadounidense y puede EEUU actuar como le plazca? Es posible que los términos del Acuerdo de París se mantengan si los demás cumplen. El comunicado de Hamburgo dice que “los líderes de los otros Estados miembros del G20” aseguran que dicho acuerdo “es irreversible”. Incluso que EEUU podría acabar cumpliendo en parte porque algunos de los Estados federados, ciudades y grandes empresas están comprometidos a ello, en una suerte de una gobernanza global subestatal. Pero en éste y sobre todo otros terrenos, difícilmente se logrará algo sustancial sin el concurso de EEUU.

Para empezar, porque “los otros”, el resto, no forman una unidad, sino que tienen intereses muy diversos. Se ha visto, por ejemplo, entre Pekín y la UE, al no aceptar ésta última otorgarle a China el estatus de economía de mercado en la Organización Mundial del Comercio, pues ello limitaría la capacidad europea de abrir procedimientos antidumping contra importaciones de productos chinos. Están también las medidas de la UE contra la penetración excesiva del acero chino. Hay otras diferencias, como las resistencias francesas y alemanas a algunas inversiones chinas en sectores estratégicos (como la robótica o la energía). Por no hablar de las libertades y del trato al Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo.

Es, sin embargo, importante, que “los otros” mantengan encendida la antorcha del sentido común y la integración comercial. El acuerdo político entre Japón y la UE para un acuerdo comercial de envergadura, aunque a falta de flecos importantes, es un gran paso adelante. Entre ambos representan un 19% del PIB mundial y un 38% de las exportaciones de bienes. Japón también está intentando recuperar Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), al que EEUU ha renunciado, y Europa está impulsando acuerdos con, por ejemplo, Mercosur o África. Pero incluso juntos, Japón y Europa carecen de una suficiente capacidad estructuradora global.

Está al caer –se ha retrasado hasta después de la cumbre del G20– que EEUU tome medidas contra las importaciones de acero, que afectarían esencialmente a China y a los europeos, obligados a responder en lo que puede ser una escalada. La espiral proteccionista de EEUU no ha empezado con Trump, pero se está, preocupantemente, acentuando con él. Según un informe de Global Trade Alert, que monitorea al G20, en los seis primeros meses del año, es decir, con la Administración de Trump, EEUU, a todos los niveles, ha introducido un 26% más de medidas contra los intereses de otros países que en el mismo periodo del año anterior, mientras el resto del G20 no ha seguido una línea similar contra intereses estadounidenses. Pero también, según el informe, a finales de 2016, aún estaban en vigor 2.420 medidas proteccionistas que dañaban los intereses comerciales de EEUU. Es decir, que, pese a los años que lleva hablando del tema, el G20 ha hecho poco por el comercio mundial. De hecho, según este estudio, desde 2008 los países del G20 han introducido más de 11.000 medidas proteccionistas.

Más no es sólo cuestión de comercio y proteccionismo, o lucha contra el cambio climático. Todo esto, y el retraimiento de EEUU del escenario mundial con Trump, puede tener consecuencias geopolíticas. En estos momentos, por ejemplo, con la crisis con Corea del Norte (en la que Trump ha vuelto a la posición de que necesita la cooperación de China), de Qatar, de Siria (para lo hay un acercamiento entre EEUU y Rusia con el anuncio de un alto el fuego en el suroeste), o el ISIS y el terrorismo yihadista, sí hubo coincidencia en el G20, y, sobre todo, en las cruciales reuniones bilaterales paralelas. El G20 se creó sobre todo para abordar –de forma coordinada, no integrada– asuntos económicos, y sus primeras cumbres, reuniones de jefes de Estado y de Gobierno, se empezaron a celebrar a raíz de la crisis desencadenada por la caída de Lehman Brothers. Casi una década después, muchos de sus integrantes parecen distanciados en sus posiciones económicas, y quizás no sea éste el mejor foro para abordar las geopolíticas.

A Trump no ha parecido importarle demasiado esta reunión –ha estado más pendiente de sus encuentros con Vladimir Putin, con Xi Jinping o con Theresa May– que del G20 como tal. Como habían señalado con anterioridad H.R. McMaster, su asesor de Seguridad Nacional, y Gary Cohn, su consejero económico, Trump no ve el mundo como una “comunidad global”, en la que hay que cooperar, sino como una “arena” en la que hay que pelear. Hoy por hoy, a la luz de este G20, parecemos estar ante lo que Ian Bremmer llamó hace seis años, y en condiciones muy distintas –no se debía a la actitud de un presidente de EEUU y de las  bases ciudadanas que le apoyan como ahora–, un G-Cero. Situación preocupante ante el alcance de los problemas que se están acumulando.

 

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Lead de The Economist (8-07-17): “The German problem”

http://www.economist.com/news/leaders/21724810-country-saves-too-much-and-spends-too-little-why-germanys-current-account-surplus-bad

THE battle-lines are drawn. When the world’s big trading nations convene this week at a G20 summit in Hamburg, the stage is set for a clash between a protectionist America and a free-trading Germany.

President Donald Trump has already pulled out of one trade pact, the Trans-Pacific Partnership, and demanded the renegotiation of another, the North American Free-Trade Agreement. He is weighing whether to impose tariffs on steel imports into America, a move that would almost certainly provoke retaliation. The threat of a trade war has hung over the Trump presidency since January. In contrast, Angela Merkel, Germany’s chancellor and the summit’s host, will bang the drum for free trade. In a thinly veiled attack on Mr Trump, she delivered a speech on June 29th condemning the forces of protectionism and isolationism. An imminent free-trade deal between Japan and the European Union will add substance to her rhetoric (see article).

There is no question who has the better of this argument. Mr Trump’s doctrine that trade must be balanced to be fair is economically illiterate. His belief that tariffs will level the playing field is naive and dangerous: they would shrink prosperity for all. But in one respect, at least, Mr Trump has grasped an inconvenient truth. He has admonished Germany for its trade surplus, which stood at almost $300bn last year, the world’s largest (China’s hoard was a mere $200bn). His threatened solution—to put a stop to sales of German cars—may be self-defeating, but the fact is that Germany saves too much and spends too little. And the size and persistence of Germany’s savings hoard makes it an awkward defender of free trade.

Imperfect harmony

At bottom, a trade surplus is an excess of national saving over domestic investment. In Germany’s case, this is not the result of a mercantilist government policy, as some foreigners complain. Nor, as German officials often insist, does it reflect the urgent need for an ageing society to save more. The rate of household saving has been stable, if high, for years; the increase in national saving has come from firms and the government.

Underlying Germany’s surplus is a decades-old accord between business and unions in favour of wage restraint to keep export industries competitive (see article). Such moderation served Germany’s export-led economy well through its postwar recovery and beyond. It is an instinct that helps explain Germany’s transformation since the late 1990s from Europe’s sick man to today’s muscle-bound champion.

There is much to envy in Germany’s model. Harmony between firms and workers has been one of the main reasons for the economy’s outperformance. Firms could invest free from the worry that unions would hold them to ransom. The state played its part by sponsoring a system of vocational training that is rightly admired. In America the prospects for men without college degrees have worsened along with a decline in manufacturing jobs—a cause of the economic nationalism espoused by Mr Trump. Germany has not entirely escaped this, but it has held on to more of the sorts of blue-collar jobs that America grieves for. This is one reason why the populist AfD party remains on the fringes of German politics.

But the adverse side-effects of the model are increasingly evident. It has left the German economy and global trade perilously unbalanced. Pay restraint means less domestic spending and fewer imports. Consumer spending has dropped to just 54% of GDP, compared with 69% in America and 65% in Britain. Exporters do not invest their windfall profits at home. And Germany is not alone; Sweden, Switzerland, Denmark and the Netherlands have been piling up big surpluses, too.

For a large economy at full employment to run a current-account surplus in excess of 8% of GDP puts unreasonable strain on the global trading system. To offset such surpluses and sustain enough aggregate demand to keep people in work, the rest of the world must borrow and spend with equal abandon. In some countries, notably Italy, Greece and Spain, persistent deficits eventually led to crises. Their subsequent shift towards surplus came at a heavy cost. The enduring savings glut in northern Europe has made the adjustment needlessly painful. In the high-inflation 1970s and 1980s Germany’s penchant for high saving was a stabilising force. Now it is a drag on global growth and a target for protectionists such as Mr Trump.

The shift from thrift

Can the problem be fixed? Perhaps Germany’s bumper trade surplus will be eroded as China’s was, by a surge in wages. Unemployment is below 4% and the working-age population will shrink, despite strong immigration. After decades of decline, the cost of housing is rising, meaning that pay does not stretch as far as it used to. The institutions behind wage restraint are losing influence. The euro may surge. Yet the German instinct for caution is deeply rooted. Pay rose by just 2.3% last year, more slowly than in the previous two years. Left to adjust, the surplus might take many years to fall to a sensible level.

The government should help by spending more. Germany’s structural budget balance has gone from a deficit of over 3% of GDP in 2010 to a small surplus. Officials call this prudence but, given high private-sector savings, it is hard to defend. Germany has plenty of worthwhile projects to spend money on. Its school buildings and roads are crumbling, because of the squeeze on public investment required to meet its own misguided fiscal rules. The economy lags behind in its readiness for digitalisation, ranking 25th in the world in average download speeds. Greater provision of after-school care by the state would let more mothers work full-time, in an economy where women’s participation is low. Some say such expansion is impossible, because of full employment. Yet in a market economy, there is a tried and trusted way to bid for scarce resources: pay more.

Above all, it is long past time for Germany to recognise that its excessive saving is a weakness. Mrs Merkel is absolutely right to proclaim the message of free trade. But she and her compatriots need to understand that Germany’s surpluses are themselves a threat to free trade’s legitimacy.

 

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Jaume PI, “Diccionario del nuevo mapa político catalán ante el referéndum del 1-O” a La Vanguardia (11-07-17)

http://www.lavanguardia.com/politica/20170711/423872514991/diccionario-nuevo-mapa-politica.html

Decíamos ayer, a las puertas de las elecciones catalanas del 27S de 2015, que el mapa político catalán había dado un vuelco histórico en solo cinco años. Pero es que la tendencia parece no tener fin. La combinación de crisis y proceso soberanista sigue agitando sin tregua el panorama político en Catalunya, situación que obliga a actualizar el minuto y resultado sólo dos años después, y con la vista puesta en la nueva fecha histórica que se avecina: el 1-O.

Por el camino, se han producido destacados zarandeos. Después de la liquidación de CiU, la coalición que gobernó Catalunya durante más de 25 años, sus dos partes han acabado por desaparecer. Convergència Democràtica optó por una ardua refundación en el PDeCAT, mientras que Unió Democràtica entró en concurso de acreedores y algunos de sus exmiembros se están repartiendo en nuevos proyectos de catalanismo moderado.

El otro sector que ha finalizado su fase de reconstrucción ha sido el de los comuns. El éxito de Ada Colau en las elecciones municipales y de la coalición En Comú Podem en las generales –no tanto el de Sí que es Pot en las catalanas– forzó a las autodenominadas izquierdas transformadoras a consolidar su espacio electoral unificándose en una única formación. Aunque la fusión no ha sido perfecta a causa de las dificultades para integrar a Podem, el resultado ha sido Catalunya en Comú, partido encabezado por Xavier Domènech y con el simbólico liderazgo de la alcaldesa de Barcelona.

Más allá de estos grandes movimientos, el mapa político catalán ha seguido generando corrientes de fondo en forma de nuevas entidades y plataformas. Una recomposición que parece en vías de consolidarse, aunque será el devenir del procés el que acabe dictando sentencia. Los repasamos, de la A a la Z.

1

AMI

Entre las entidades que apoyan la independencia de Catalunya, la que quizás haya concentrado más polémicas ha sido la Associació de Municipis per la Independència (AMI). Constituida en 2011 en Vic y presidida desde abril de 2016 por la alcaldesa de Vilanova i la Geltrú, Neus Lloveras, la AMI agrupa a 787 municipios que se declaran favorables a la secesión.

La entidad está detrás de las mociones favorables a la independencia y a la soberanía fiscal en los ayuntamientos y de las decisiones de colocar carteles y estelades en lugares públicos, iniciativas frecuentemente perseguidas por la anterior delegada del Gobierno, María de los Llanos de Luna. Muchos de estos asuntos siguen judicializados. También están en el punto de mira de la justicia las aportaciones de los municipios a dicha asociación.

Junto a ANC y Òmnium Cultural, forma la terna habitual de entidades que apoyan abiertamente al Govern en su hoja de ruta independentista.

Anticapitalistas (Revolta Global)

Asociación a nivel estatal que tiene su origen en un partido que primero se bautizó como Espacio Alternativo y después como Izquierda Anticapitalista. Se integró en Podemos en 2014 pero todavía constituye el ala más izquierdista del partido de Pablo Iglesias. Su cabeza visible es Miguel Urbán y otra de sus figuras más destacadas es la jefa de filas de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez.

En Catalunya, su formación asociada es Revolta Global, partido que apoyó primero a la CUP en las elecciones autonómicas de 2012 y que, posteriormente, se integró en Podem ya como corriente interna. El secretario general de los morados en Catalunya, Albano Dante Fachin, y otros pesos pesados como el diputado Joan Giner, estaban vinculados a este sector. Sin embargo, este 2017 se ha producido un distanciamiento entre Revolta Global y la dirección de Fachin por las discrepancias en la integración en los comuns.

ANC

Nacida en 2011, la Assembla Nacional Catalana es la gran entidad de la sociedad civil independentista. Con más de 80.000 adheridos de distintas sensibilidades políticas, ha sido la promotora de las grandes movilizaciones de los últimos años y ha marcado la agenda del proceso político más allá de los partidos, aunque quizás este últimos años, especialmente desde la llegada a la presidencia de Jordi Sànchez, haya cedido el protagonismo justamente a las fuerzas políticas.

Se implicó directamente en las negociaciones para la configuración de la lista unitaria independentista del 27S y su expresidenta Carme Forcadell, que fue número dos de JxSí, ha llegado a ser nada menos que presidenta del Parlament. No menos importante fue su papel en las negociaciones para la investidura de Carles Puigdemont, en las que actuó de puente entre JxSí y CUP.

Desde entonces, se mantiene al margen aunque sigue organizando protestas como las relacionadas con los procesos judiciales a cargos y excargos independentistas. Se perfila como la entidad clave en la campaña del sí de cara al referéndum del 1-O.

Avancem

Nacido primero como corriente crítico del PSC y constituido como sujeto político autónomo en 2014, el movimiento que lidera el exdiputado y exalcalde de Vilanova i la Geltrú, Joan Ignasi Elena, ha sido uno de los muchos de carácter socialista y soberanista que han acabado en la órbita de ERC.

De hecho, mantuvo negociaciones con el resto de corrientes exsocialistas para formar un único partido, Moviment d’Esquerres (MES), pero éstas no llegaron a buen puerto. Está en muchos ayuntamiento coaligado con los republicanos y cuenta incluso con un diputado de JxSí, Fabian Mohedano. Su actividad se centra en sumar apoyos de las izquierdas a la causa independentista.

Barcelona en Comú

El movimiento alrededor de Ada Colau y auspiciado por Iniciativa, Podem, EUiA, Procés Constituent y Equo debió llamarse Guanyem Barcelona, pero un problema por los derechos de la marca lo impidió y el nombre escogido fue el de Barcelona en Comú.

La victoria de Colau en Barcelona y de otros experimentos primo hermanos en otras grandes ciudades en las municipales de 2015, animó a repetir experiencias parecidas para los comicios del Parlament (Catalunya Sí que es Pot), y el Congreso (En Comú Podem), hasta la creación de un nuevo partido: Catalunya en Comú.

Catalunya en Comú

Meses de consultas, reuniones, asambleas y negociaciones acabaron el pasado mes de abril con la fundación de un nuevo partido, cuyo nombre se dio a conocer en mayo, y que tiene por objetivo el de consolidar un espacio de “izquierda transformadora” y “soberanista” –pero no independentista– en Catalunya. Bajo el liderazgo simbólico de la alcaldesa Colau, Xavier Domènech (también el jefe de filas del subgrupo En Comú Podem en el Congreso) impulsó la fundación y ahora encabeza una formación cuya dirección cuenta con miembros de Barcelona en Comú, ICV, Podem, EUiA y otras formaciones de izquierdas.

La gestación fue dura y no están todos los que son. Diferencias que resultaron insalvables provocaron que finalmente no participaran en la construcción del partido la dirección de Podem Catalunya, encabezada por Albano Dante Fachin. Sin embargo, miembros críticos con Fachin, como Jèssica Albiach o Marc Bertomeu, están en la cúpula de CatComú, que además cuenta con el apoyo de Pablo Iglesias. El acuerdo significará la disolución práctica de ICV y EUiA y BComú.

Catalunya Sí

Fundada en 2011 por Alfred Bosch, actual jefe de filas de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, esta plataforma política es una operación de los republicanos para ganar adhesiones a la causa independentista desde la sociedad civil, de manera que acompaña las siglas de ERC en todas las citas electorales.

Además de Bosch, la plataforma ha promocionado para las distintas listas de ERC a personalidades como el filósofo Josep Maria Terricabras, que encabezó la lista de los republicanos en las europeas, el actor Juanjo Puigcorbé, número dos por Barcelona y actual edil del consistorio, o el polémico exsenador y exjuez Santi Vidal, forzado a dimitir después de que se transcendieran unas declaraciones en las que afirmaba que el Govern disponía de datos fiscales de los catalanes.

Catalunya Sí que es Pot

Este fue el nombre escogido por la coalición de izquierdas que se presentó a las elecciones del 27 de septiembre de 2015. Encabezada por Lluís Rabell y apoyada por ICV, Podem y EUiA –pero no por la Barcelona en Comú de Ada Colau–, la confluencia obtuvo un resultado muy por debajo de las expectativas generadas: 11 diputados.

Pero además, el paso del grupo por el Parlament no ha sido un camino de rosas. Las continuas disputas entre los distintos partidos, especialmente entre el portavoz adjunto Joan Coscubiela y el líder de Podem, Albano Dante Fachin, han deteriorado algunas veces la unidad interna. Pese a ser favorable al referéndum, el grupo se ha mostrado como una oposición dura a la mayoría soberanista.

CDC

Convergència, la formación fundada en Montserrat en 1974 en torno a la figura de Jordi Pujol, ya forma parte del pasado. Tras la ruptura con Unió, la formación emprendió un camino de autoliquidación para refundarse en un nuevo partido, dicen sus críticos que para enterrar los numerosos casos de corrupción que la han perseguido los últimos años. Tras un intenso congreso fundacional, el nombre de la nuevo partido acabó siendo PDeCAT.

El partido todavía existe, aunque reducido a una web desactualizada y a una estructura mínima que preside el veterano Jacint Borràs, encargado de pilotar el desmantelamiento final. Ahora es Borràs quien aparece de vez en cuando ante los medios para dar explicaciones sobre casos como el del 3%.

CiU

Coalición primero, y federación después, de dos partidos nacionalistas: Convergència Democràtica y Unió Democràtica. Las diferencias por el proceso soberanista han roto una relación histórica de más de 37 años. Mientras que el partido de Mas ha impulsado la candidatura soberanista, los democristianos tratan de hacerse un espacio de cara a la cita del 27S. Curiosamente, todavía persiste como marca en numerosos grupos municipales del territorio catalán.

Ciutadans

Nacido en 2005 a partir de la plataforma Ciutadans de Catalunya, la formación que comanda Albert Rivera ha sido uno de los partidos referencia contra el proceso soberanista y ha ido creciendo electoralmente en Catalunya a costa de PSC y PPC a medida que aumentaba la temperatura independentista. En los últimos años ha pasado de ser un partido exclusivamente catalán a convertirse en un actor clave en el mapa político español.

Con Rivera como presidente en Madrid, Inés Arrimadas tomó el relevo el 27S logrando unos importantes resultados: 25 escaños. De esta manera, Cs se convirtió en el partido líder de la oposición en el Parlament. En los últimos tiempos el partido se ha visto obligado a redefinirse ideológicamente como liberal, cosa que ha provocado algunas tensiones con sectores en Catalunya -y otras partes-, que pedían no abandonar los orígenes situados más a la izquierda.

Col·lectiu de Catalans Lliures

Plataforma y think tank que reúne a todos los liberales independentistas, esta organización se presentó en Barcelona el pasado 2016. Aunque se declaran transversales, se les suele vincular con el sector más liberal del PDECat. No confundir con Lliures, el partido que ha impulsado el veterano de CDC, Antoni Fernández Teixidó.

Comunistes de Catalunya

Militantes del disuelto partido comunista catalán y del PSUC viu fundaron esta formación en 2014, la cual está liderada por el diputado Joan Josep Nuet. El partido, por lo tanto, forma parte de la estructura de EUiA y, a través de ésta, integrado en Catalunya en Comú. En sus filas, también hay dos diputados en el Congreso: Joan Mena y Fèlix Alonso.

Concordia Cívica

Plataforma creada en enero de este 2017 con el fin de luchar contra el “nacionalismo excluyente” en Catalunya. Impulsada por la catedrática de Derecho Constitucional, Teresa Freixes, cuenta con el apoyo de otras organizaciones de la sociedad civil contrarias al proceso independentista como Societat Civil Catalana, la entidad Llibertats, el grupo de periodistas Pi i Margall o Empresaris de Catalunya.

Pese a nacer para aglutinar todas las entidades contrarias al procés, su influencia, especialmente si se compara con Societat Civil, ha sido más bien escasa, aunque se han mostrado muy activos.

CUP

Candidatura d’Unitat Popular es el nombre que toma la izquierda independentista y anticapitalista y que aspira a la independencia de los llamados Països Catalans. Obtuvo tres diputados en las elecciones del Parlament de 2012 y los multiplicó por tres en 2015, convirtiéndose en la formación clave para apuntalar un Govern de JxSí, de corte nítidamente independentista.

En esta legislatura, su papel ha sido clave. Su veto a Mas fue decisivo para la investidura de Carles Puigdemont, forzó al president a convocar una cuestión de confianza después de rechazar los primeros presupuestos de Junqueras y JxSí acabó aceptando su idea de reintroducir el referéndum en la hoja de ruta. Las tensiones entre sus distintos sectores, Endavant y Poble Lliure, parecen estar olvidadas a la espera de como se desarrolle la fase final del proceso.

Democràcia i Llibertat

Marca electoral que escogió CDC para acudir, junto con Demòcrates y Reagrupament, a las primeras elecciones generales, las del 20D de 2015. La coalición estuvo liderada por Francesc Homs y logró 8 escaños en el Congreso. La fórmula no funcionó y CDC optó en las nuevas elecciones, convocadas para el 26 de junio del año siguiente, por volver a acudir en solitario, aunque obtuvo exactamente el mismo resultado.

DemCat

Escisión independentista de Unió. En tiempo récord, los críticos del partido democristiano formaron una corriente llamada Hereus UDC 1931 para defender el no en la consulta interna sobre la hoja de ruta soberanista y, tras perder por escaso margen, formalizaron su ruptura y fundaron un partido. Demòcrates de Catalunya (DemCat) nació en julio de 2015 y se integró en la candidatura de Junts pel Sí para el 27S.

Su líder, Antoni Castellà, es un destacado diputado de JxSí, que interpreta un esforzado papel de mediador entre los dos grandes partidos de la coalición. Particularmente destacada ha sido la polémica que DemCat ha mantenido con el nuevo Partit Demòcrata Europeu Català, herederos de CDC, por el nombre del partido.

En Comú Podem

Nombre de la coalición electoral que se presentó en Catalunya en las dos elecciones generales del periodo 2015-2016. Siguiendo el modelo de las confluencias municipalistas y de Catalunya Sí que es Pot, la coalición reunió a ICV, Podem, EUiA, Equo y también BComú, la formación de Ada Colau, que, a diferencia del 27S, sí decidió participar.

Encabezados por Xavier Domènech, la coalición aliada con Podemos ha ganado las dos elecciones generales en Catalunya. En ambas, 20D y 26J, ha obtenido 12 escaños, pero no ha podido lograr grupo propio en el Congreso, aunque el partido de Pablo Iglesias les ha concedido voz propia en el reparto de tiempos.

Endavant (OSAN)

Endavant (Organització Socialista d’Alliberament Nacional) nació en el año 2000, es la corriente de la CUP considerada como la más anticapitalista en contraposición a Poble Lliure. Ambos sectores cuperos saltaron a la fama por las discusiones internas que mantuvieron entre 2015 y 2016 en torno a los acuerdos con Junts pel Sí. De hecho, se atribuye a la oposición beligerante de Endavant el veto a Artur Mas a la presidencia de la Generalitat. La diputada Anna Gabriel o la exdiputada Isabel Vallet son dos de sus figuras más representativas.

Equo

La formación ecologista fundada en 2011 por el activista Juan López de Uralde cuenta con escasa presencia en Catalunya. Sin embargo, forma parte de todas las grandes coaliciones de izquierdas en alianza con los comuns.

ERC

Fundado en 1931, ERC fue el principal partido del catalanismo durante la Segunda República y ha jugado un papel relevante en la gobernación de Catalunya de la última década. Presidido por Oriol Junqueras desde 2011, la formación republicana ha sido uno de los impulsores del proceso soberanista y, a través de JxSí, está en el Govern desde 2015. Las encuestas le dan como ganador de unas eventuales elecciones autonómicas y fuerza hegemónica del independentismo catalán.

Esquerra Unida i Alternativa

Coalición de izquierdas anticapitalista históricamente coaligada con ICV y liderada por Joan Josep Nuet. Junto a los ecosocialistas, la formación federada a IU ha maniobrado para formar alianzas con Podemos tanto a nivel municipal, a nivel catalán y a nivel español.

Ha participado en la gestación de Barcelona en Comú, ganadora de las elecciones municipales en la capital catalana, Catalunya Sí que es Pot, la marca electoral de las izquierdas no independentistas de cara a los comicios del 27S, y En Comú Podem, la marca electoral para las generales. Su hombre en Madrid es el diputado Joan Mena.

Esquerres per la independència

Siguiendo la estela de otras organizaciones parecidas como el Acord d’Esquerres per la República Catalana, ahora inactivo; Esquerres per la independència trata de ser la plataforma a toda la izquierda independentista más allá de los partidos. ERC, CUP, Procés Constituent, MES y agrupaciones de ICV se han adherido a la asociación, así como sindicatos y formaciones minoritarias, y otras figuras de la izquierda a título personal.

Federalistes dEsquerres

Entidad ciudadana cercana al PSC –aunque no vinculada–, Federalistes d’Esquerres nació en 2012 con el objetivo de “abrir un espacio amplio federalista en Catalunya” que sea una alternativa al soberanismo pujante. Impulsada por el catedrático en Filosofía, Manuel Cruz, y presidida por la asociación cuenta con simpatías que van desde miembros de ICV a Unió o Ciutadans. Durante estos años, ha organizado numerosas conferencias y actividades para convencer a los escépticos de que la mejor solución para el contencioso catalán es la reforma federal.

Generació Llibertat

Corriente del PDECat nacida a principios de 2016 para influir en el proceso de refundación de CDC. La impulsaron nombres como Carles Agustí, Jordi Cabré, Carme Sayós y Ricard Font, y se marcó como objetivo una renovación profunda del partido y una apuesta clara por las nuevas generaciones.

ICV

Heredero del PSUC, Iniciativa per Catalunya-Verds es la formación a la izquierda de la izquierda referente en Catalunya en los últimos 25 años. El partido ecosocialista tuvo un papel destacado en los gobiernos de Pasqual Maragall y José Montilla y, durante el proceso soberanista, trabajó codo con codo con oros partidos soberanistas a favor de la celebración de un referéndum.

Tras el 9N, rompió con la vía emprendida por CDC y ERC y apostó por una confluencia con Podemos para las municipales y las catalanas. Todavía liderada por el trío Marta Ribas, David Cid y Ernest Urtasun, su futuro pasa por integrarse definitivamente en Catalunya en Comú, dónde ya ha colocado a sus principales figuras en los órganos de dirección.

Juntes Podem

Corriente interna de Podem que se presentó a la secretaría general del partido encabezada por la diputada Jèssica Albiach. Perdió ante la lista de Albano Dante Fachin pero sus miembros se mantienen como corriente crítica hasta el punto de haber desafiado a la dirección y haberse integrado en Catalunya en Comú en contra de su criterio. De hecho, Albiach es miembro de la dirección del partido de Colau.

Junts pel Sí

Nombre de la candidatura unitaria soberanista para el 27S y, posteriormente, del grupo parlamentario resultante. La lista, que encabezaba el ex eurodiputado de ICV, Raül Romeva, ganó las elecciones, obtuvo 62 escaños y se convirtió así en el principal grupo en el Parlament. Junto a la CUP, sostiene el actual Govern independentista que encabeza Carles Puigdemont.

El grupo está formado por miembros del PDECat –antes CDC– y de ERC, pero también por un nutrido grupo de independientes y de figuras de otros partidos, como DemCat o MES. Colideran el grupo el exconvergente Jordi Turull y la republicana Marta Rovira.

Llibergència

Corriente liberal primero de CDC y ahora del PDECat. Como el resto de sectores, trata de influir en las decisiones del partido y tuvo un papel activo en la refundación del pasado verano. Su jefe de filas es Marc Guerrero y en él hay figuras como David Madí y Jordi Xuclà, actualmente diputado en el Congreso.

Lliures

Partido impulsado por el ex diputado de CiU, Antoni Fernández Teixidó, que se define como liberal y catalanista pero no independentista. Ha finalizado recientemente su proceso de constitución con vistas a la reconfiguración de un espacio catalanista moderado que prevén que se producirá cuando acabe el proceso soberanista. En sus filas, cuenta con el ex diputado de CDC, Xavier Cima, y el ex de Unió, Roger Montañola.

Moviment dEsquerres

Partido socialdemócrata e independentista consecuencia de la fusión de dos escisiones catalanistas del PSC: Nova Esquerra Catalana (NECat) y Moviment Catalunya. La primera fue impulsada por el exconseller y hermano del expresident, Ernest Maragall, y la segunda nació como un movimiento municipalista que impulsaron, entre otros, exconsellers como Antoni Castells, Montserrat Tura o Marina Geli, que, sin embargo, se han ido apartando de la vida política.

Después de apoyar la coalición Junts pel Sí, cuentan con una diputada en el Parlament, la ex alcaldesa de Roses, Magda Casamitjana, además de algunos gobiernos municipales, la mayoría en alianza con ERC.

Nova Convergència

Corriente interna del PDECat que ha acabado por constituirse en asociación autónoma después de la crisis que supuso la baja como militante de su impulsor, Germà Gordó, tras aparecer relacionado en el caso del 3%. El exconseller decidió crear esta corriente interna con vistas al proceso de refundación de CDC y tuvo un papel destacado en el congreso constituyente del pasado verano.

Nova Convergència se suele identificar con el ala más a la derecha del PDECat, ya que posiblemente haya sido la corriente que más ha criticado la alianza con la CUP y la supuesta izquierdización del partido. Los afines a Gordó llegaron a plantearse constituirse como partido tras la crisis de su impulsor, aunque han preferido quedar vigilantes a la espera de la evolución de los acontecimientos.

Òmnium Cultural

Entidad fundada en pleno franquismo con el objetivo de promocionar la lengua y la cultura catalanas, actualmente cuenta con casi 50.000 socios. Desde 2010, Òmnium ha dado un paso más y ha cobrado relevancia política en el viraje que ha experimentado buena parte del catalanismo hacia el independentismo. Junto a la ANC y la AMI, la entidad presidida ahora por Jordi Cuixart se ha encargado de las grandes movilizaciones de la Diada.

Sufrió el golpe más duro con la muerte, en febrero de 2016, de la que había sido su presidenta, Muriel Casals, a causa de un accidente de tráfico. Casals, símbolo de la movilizaciones, llegó a ser la número 3 de JxSí y diputada en el Parlament hasta su trágico deceso.

PDECat

Formación nacida de las cenizas de Convergència en un ajetreado congreso fundacional en julio de 2016. Copresidido por Artur Mas y Neus Munté, y con Marta Pascal como coordinadora general, el partido se define, a diferencia de su predecesor, como nítidamente independentista, y ha dado sus primeros pasos no sin algunas dificultades internas.

Ya tuvo problemas con el nombre, que finalmente tuvo que cambiar de Partit Demòcrata Català a Partit Demòcrata Europeu Català para que pudiese registrarse ante posibles confusiones con otras formaciones como Demòcrates de Catalunya. Pero es que además ha sufrido importantes caídas de apoyo electoral en las generales y las encuestas mantienen la tendencia a la baja. La renuncia del exconseller Gordó y el cese del conseller Jordi Baiget por parte de Puigdemont han sido dos de las últimas crisis que el partido ha tenido que soportar.

Poble Lliure

Fundada en 2014 y considerada heredera de la formación histórica independentista Moviment de Defensa de la Terra, representa una de las corrientes más potentes de la CUP junto a Endavant (OSAN). En contraposición a ésta, a Poble Lliure se la suele situar como corriente moderada debido a que ha apoyado presentarse a las elecciones y se mostró más favorable a investir Artur Mas o a aprobar los presupuestos de Junqueras. Su figura más destacada es el diputado en el Parlament, Albert Botran.

Podem

La formación que lidera Pablo Iglesias se constituyó como agrupación catalana a finales de 2014. En tiempo récord, se crearon los órganos de dirección de Podem Catalunya y Gemma Ubasart, persona de absoluta confianza de Iglesias, fue elegida secretaria general en febrero de 2015.

La dimisión de Ubasart poco después dejó al partido en fase de interinidad, situación que se fue aplazando debido al ciclo electoral de 2015-2016. Finalmente, la candidatura Ho Podem Tot, encabezada por el diputado Albano Dante Fachin –considerado crítico con Iglesias–, ganó las primarias a las otras dos que se presentaron.

Aunque se ha ido integrando en las confluencias de izquierdas para los distintos comicios (Sí que es Pot y En Comú Podem), la dirección de Fachin ha renunciado a unirse al proyecto de Catalunya en Comú por discrepancias sobre la transparencia de su gestación. A pesar de ello, el corriente crítico de Juntes Podem sí ha apoyado a CatComú y sus representantes, Jèssica Albiach y Marc Bertomeu, son miembros de la dirección del nuevo partido que lidera Xavier Domènech.

Portes Obertes del Catalanisme

Plataforma de encuentro de personas cercanas a la extinguida Unió y el PSC, entre otros, que buscan impulsar un programa catalanista no independentista. Apuesta por valores del catalanismo clásico, como son la defensa de los derechos nacionales de Catalunya y la participación en la gobernabilidad de España.

PP Català

Después de hacer uno de sus peores resultados en unas catalanas, obteniendo 11 escaños, la delegación del PP en Catalunya cambió sus órganos de dirección durante estos dos últimos años. Xavier García Albiol, candidato de los populares en las elecciones del 27S, es el nuevo presidente desde este pasado marzo sustituyendo en el cargo a Alicia Sánchez Camacho.

Además de habituales como Andrea Levy, Enric Millo, Jordi Cornet o Santi Rodríguez, en sus nueva dirección, han subido figuras como Josep Llobet, Manuel Reyes, exalcalde de Castelldefels, los diputados en el Parlament, Alberto Villagrasa y Esperanza García, o la diputada en el Congreso Àngels Esteller.

Procés Constituent

La plataforma política creada en 2013 por el economista Arcadi Oliveres y la monja benedictina Teresa Forcades tiene como objetivo “defender la convocatoria de una Asamblea Constituyente para definir que nuevo modelo de Estado y de ordenación socioeconómica se quiere”, en palabras de su manifiesto fundacional. Independentista y anticapitalista, a menudo se ha relacionado esta asociación con la CUP, y pese a las coincidencias, no han trazado ninguna alianza estable más allá de algún municipio. Tras integrarse en la coalición Barcelona en Comú –así como en otras candidaturas muncipalistas de izquierda; sus adheridos rechazaron hacer lo propio con la candidatura Catalunya Sí que es Pot en las catalanas.

En los últimos tiempos, y tras el intento fallido de Forcades de liderar las izquierdas catalanas, Procés Constituent se ha mantenido al margen del proceso de creación de Catalunya en Comú. Sin embargo, mantiene su actividad a través de la asociación Esquerres per la Independència, haciendo campaña a favor del referéndum, y sigue apoyando las campañas pro independencia de entidades como la ANC. Sin embargo, la mayoría de sus campañas se centran en asuntos de tipo más social como la oposición a los tratados de libre comercio UE-Canadá.

PSC

Nacido el 1978 como fusión de tres partidos (PSC-Congrés, PSC-Reagrupament y federación catalana del PSOE), el Partit dels Socialistes de Catalunya ha sido la referencia socialdemócrata en Catalunya en más de 30 años. El proceso soberanista, junto con otros factores, ha supuesto una sacudida importante en el seno de la histórica formación que ha cimentado buena parte de su fuerza en el poder en las grandes ciudades catalanas. Durante este periodo, ha sufrido varias crisis internas y escisiones.

Miquel Iceta tomó las riendas de la formación en 2014 y ha logrado parar la tendencia a la baja de los últimos años, en parte por el ascenso de los comuns. Aunque sin el poder que tenían año, sigue gobernando –en coalición– las cuatro capitales catalanas.

Durante la era Iceta, sin embargo, el PSC ha vivido su mayor crisis de relaciones con el PSOE. El voto contrario a la investidura de Rajoy, desobedeciendo la línea marcada por el grupo parlamentario tras la grave crisis que acabó con la cabeza de Pedro Sánchez, puso en peligro una relación de más de 30 años. Los socialistas catalanes y españoles tuvieron que renegociar el protocolo de relaciones e Iceta optó por mantenerse neutral en las primarias del PSOE, que volvió a ganar Sánchez, con un apoyo masivo de los militantes catalanes. La victoria sanchista parece haber aplacado los ánimos.

Reagrupament

Nació como corriente crítica de ERC en los tiempos de los acuerdos tripartito y se constituyó en partido autónomo en 2009. En 2011, se coaligó con ERC para concurrir a las elecciones municipales en Barcelona pero después se ha ido acercando a CDC, hasta el punto de firmar un acuerdo de asociación en 2014. Apoyó la candidatura de JxSí en el 27S y estuvo en la candidatura Democràcia i Llibertat en las generales del 20 de diciembre de 2015.

En el proceso de refundación de Convergència, Reagrupament tuvo un papel destacado al presentarse como candidatura para ocupar los órganos de dirección del PDECat, aunque finalmente no logró su cometido. Se mantiene desde entonces como asociación y corriente interna del nuevo partido.

Roj@s

Corriente interna del PSC que se presentó en sociedad el pasado noviembre de 2016 con el objetivo de orientar el socialismo catalán más a la izquierda y combatir de esta forma la irrupción de Podemos y los comuns. Entre sus impulsores más destacados, está Xavier Sabaté, exconseller y exdiputado.

Societat Civil Catalana

Bautizada por sus rivales como la “ANC unionista” o la “anti-ANC”, la plataforma nacida el 23 de abril de 2014 tomó el relevo de otras plataformas que trataban de aglutinar a todas las sensibilidades contrarias al independentismo y el nacionalismo en Catalunya. Encabezada inicialmente por Josep Ramon Bosch, exmilitante del PPC, y Joaquim Coll, próximo al PSC; la asociación ha recibido el apoyo de populares, socialistas catalanes, Ciutadans y otras formaciones minoritarias.

Durante el proceso soberanista, SCC ha sido la encargada de organizar las movilizaciones favorables a la unidad de España del 12 de octubre, Día de la Constitución o la Diada, además de una campaña informativa durante las elecciones catalanas del 27S. En febrero de 2015, la entidad recibió el premio Ciudadano Europeo por “fomentar la convivencia”, galardón que la mayoría soberanista del Parlament censuró esgrimiendo vínculos de algunos de sus miembros con la extrema derecha. Tras el paso por el cargo de Rafael Arenas, actualmente su presidente es el arquitecto y escritor Mariano Gomà.

Solidaritat Catalana per la Independència

Coalición de partidos independentistas impulsada el verano de 2010, casi de forma paralela a la manifestación en el paseo de Gràcia contra la sentencia del Estatut. Logró representación parlamentaria ese año gracias al tirón mediático del expresident del FC Barcelona, Joan Laporta, pero la perdió en 2012. Desde entonces, se ha mantenido al margen de las grandes candidaturas independentistas aunque ha expresado su apoyo a JxSí y a su hoja de ruta desde fuera. Mantiene algunos ediles esparcidos por el territorio.

Su ex líder Alfons López Tena se ha ido desmarcando del proceso soberanista hasta el punto de ser una de las figuras más críticas con los planes del bloque independentista al considerarlos engañosos y que no buscan realmente la secesión.

mate

Asociación independentista caracterizada por estar formada por catalanes castellanohablantes. Presidida por Montse Sánchez, y con el ex candidato por la CUP a las elecciones catalanas del 27S, Antonio Baños, como portavoz; ha sido vivero de figuras que han tenido mucha importancia posteriormente en la política catalana. El que fue su presidente, Eduardo Reyes, fue número 6 de la lista de JxSí el 27S y es actualmente diputado en el Parlament, mientras que su miembro más mediático, Gabriel Rufián, encabezó la lista por dos veces de ERC a las elecciones generales.

Tercera Vía

Otra de las entidades con vocación multipartidista nacidas en pleno proceso soberanista para dar respuesta al llamado choque de trenes entre las posiciones inmovilistas del Gobierno central y las posiciones independentistas. La asociación nació poco después del 9N con el objetivo de encontrar una solución a la cuestión catalana basada en “el acuerdo y el diálogo”. Figuras en la órbita de PSC, exUnió y comuns apoyan esta asociación.

Unió

El pasado marzo se liquidaron 80 años de existencia de este partido histórico. Tras la ruptura de CiU y la escisión interna que acabó con el sector independentista abandonando la formación, Unió Democràtica optó por presentarse en solitario a las distintas elecciones que se avecinaron durante el periodo 2015-2016, pero ni en las catalanas ni en las generales obtuvo representación alguna.

Desde entonces, el partido que encabezaba Ramon Espadaler, se sumió en una crisis irreversible. En septiembre de 2016 entró en concurso de acreedores con más de 22 millones de deuda y desapareció definitivamente hace escasos meses. Algunos de sus miembros se han repartido entre nuevas formaciones catalanistas moderadas como Lliures o Units per Avançar. Sigue manteniendo algunos concejales en los ayuntamientos, que han pasado a ser independientes.

Units per Avançar

Se define como partido catalanista, humanista, europeísta y socialcristiano, y entre sus miembros se cuentas numerosos miembros de Unió, como Salvador Sedó, director ejecutivo de la Fundació Coll i Alentorn, la exdirigente Montserrat Surroca, el editor Fèlix Riera, y la exdiputada Conxita Tarruella. Su portavoz es Carlos Losada. El ex líder de Unió, Josep Antoni Duran i Lleida, sigue de cerca los pasos de esta nueva formación.

 

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Entrevista a Timothy Garton ASH a El País (13-07-17)

https://cat.elpais.com/cat/2017/07/12/catalunya/1499878557_855825.html

Timothy Garton Ash (Londres, 1955) és un dels analistes més reconeguts de la política internacional i la construcció europea. Periodista, historiador, professor d’Estudis Europeus a la Universitat d’Oxford, Ash va visitar Barcelona per impartir una conferència al CCCB sobre llibertat d’expressió amb motiu del Dia Orwell i de la publicació del seu llibre Libertad de palabra (Tusquets). Ash va tenir a Barcelona una marató de reunions i contactes per parlar de la situació política catalana. Tot just després d’atendre EL PAÍS, Ash va ser sol·licitat per mantenir una trobada amb el conseller de Relacions Exteriors, Raül Romeva.

Pregunta. El seu llibre L’expedient narra el descobriment que fa de la informació que el Ministeri de Seguretat (Stasi), de la República Democràtica Alemanya (RDA), va recopilar durant els seus anys d’estudiant a la RDA. El llibre, però, acaba quan el director de l’MI5 [els serveis secrets britànics] li confessa que ells també tenen una carpeta sobre vostè. Vint anys després, ha pogut consultar aquell arxiu?

Resposta. Encara no l’he vist i és improbable que el vegi. Si ho recorda, al llibre el cap de l’MI5 em va donar aquesta extraordinària resposta quan li vaig preguntar si el podria veure: “No, perquè és propietat de la Corona”.

P. Aquella anècdota sembla avui visionària de la vigilància i l’espionatge que els governs de les democràcies occidentals aplicarien als seus ciutadans.

R. No vaig predir l’arribada d’Edward Snowden perquè en aquell moment internet era a les beceroles i no sabíem que, l’any 2017, Facebook, Google i Twitter sabrien més sobre nosaltres que nosaltres mateixos, que tindrien informació més enllà dels somnis més salvatges de la Stasi. No podem acceptar sense un escrutini crític l’exigència que això és necessari pel terrorisme, per la seguretat.

P. En aquesta era present en què tot es qüestiona i es jutja a l’instant, ¿referents seus com George Orwell o Gandhi podrien ser icones? Orwell va redactar el 1949 aquella famosa llista secreta delatant simpatitzants comunistes dels Estats Units i el Regne Unit; la Universitat de Ghana va retirar el 2016 una estàtua de Gandhi per opinions racistes que havia escrit durant els seus anys a Sud-àfrica.

R. Precisament Orwell va dir que tots els sants han de ser considerats culpables fins que no es demostri el contrari. Entenc això que diu sobre l’escrutini, les 24 hores i la sensació de veritat absoluta de l’opinió pública. Qui podria superar aquest escrutini? Tot i això, hi ha persones que són herois; un exemple és el premi Nobel de la Pau Liu Xiaobo, que ara s’està morint de càncer. Un dels millors discursos sobre els valors de la llibertat d’expressió va ser la seva intervenció final en el judici que el va condemnar.

P. Té la sensació que la nostra era jutja d’una manera extrema els esdeveniments? Un exemple podria ser la Transició espanyola: fa vint anys era un model immaculat i avui és vilipendiada per molts com un frau.

R. Suposo que molts espanyols continuen creient que la Transició va ser una gran fita, un parer que comparteixo. Però és molt important que la gent conegui el seu passat i que sàpiga d’on ve. I el model de la Transició espanyola va ser en part no parlar de la Guerra Civil. I sempre ho he dit, per exemple en el context de l’Europa de l’Est postcomunista: una bona transició cap a la democràcia necessita retre comptes amb el passat, ensenyar història a les noves generacions per entendre d’on venen, de les dictadures de les que precisament fan una transició com l’espanyola.

P. Alemanya és un exemple per a vostè i per a molts acadèmics sobre com s’ha afrontar el passat, tot i que també n’hi ha que consideren que la memòria d’una guerra civil, un conflicte fratricida, pot ser més complexa de gestionar.

R. Fins a la dècada dels seixanta molts alemanys tampoc tenien clar de qui era la responsabilitat del que va passar. Entenc que en el moment de la Transició no s’obrissin les velles ferides perquè podien tornar a sagnar, però en algun moment entre aleshores i avui era necessari educar les noves generacions d’espanyols sobre la realitat complexa de la Transició. No pots plantejar la Transició com el final de la història. És una cosa que Espanya té en comú amb els països de l’Est. No ho pots deixar així. És una cosa que constantment has de reformar; la política, la Constitució, cal readaptar-les a les circumstàncies.

P. Creu que vivim un moment en què necessitem tornar a confiar en líders carismàtics i en grans ideals? El Govern d’Angela Merkel o la Unió Europea no tenen cap mena de carisma, cap sex appeal, i malgrat tot són figures sòlides que prevalen.

R. Recordi aquell diàleg del llibre de Bertolt Brecht La vida de Galilei, en què un deixeble de Galileu li diu al mestre: “Infeliç el país que no té herois”, i Galileu respon: “Infeliç el país que necessita herois”. Alemanya és avui un país feliç que no necessita líders heroics, com sí que els van necessitar Txecoslovàquia o Polònia per sortir del comunisme. Si mirem Emmanuel Macron i la manera de plantejar la seva presidència, fa pensar en Mandela.

P. En quin sentit?

R. No el comparo amb Mandela, però la manera com presenta la seva presidència és heroica i històrica.

P. I això és bo?

R. Bàsicament n’estic satisfet. Evidentment, això comporta alguns riscos, expectatives que potser no podrà satisfer.

P. El lideratge de Merkel no ha requerit de components heroics.

R. Perquè les posicions són diferents. Merkel va heretar un país que ja havia fet la feina difícil, la reunificació i les reformes de Gerhard Schröder. És evident que existeix el risc que un líder polític, quan arriba al punt més alt, es converteixi en una figura napoleònica. Però el principal risc de la política avui és que la classe política en el seu conjunt és vista com un col·lectiu d’un altre món, autocomplaent, que es perpetua en els seus càrrecs, corrupta en molts sentits. El problema és que la gent no creu que els partits ordinaris puguin aportar el que la democràcia ha d’aportar.

P. Vostè insisteix en la teoria que s’està produint una “contrarevolució global antiliberal” que treu profit d’aquests dubtes sobre la classe política, dubtes esperonats per una “narrativa simplista, nacionalista i emocional”. Posa com a exemples el populisme de Donald Trump, Marine Le Pen o Nigel Farage. També hi afegiria en aquest context els nous moviments d’esquerres, com Podem a Espanya o Cinc Estrelles a Itàlia?

R. Són part del mateix fenomen, en el sentit que hi ha persones que diuen que si el liberalisme significa banquers lucrant-se mentre àvies pidolen menjar pels carrers de Grècia, si el liberalisme significa joves que no troben feina o la invasió de l’Iraq, aleshores no ens agrada el liberalisme. Aquesta és una reacció al neoliberalisme. Però no vull comparar un partit com Podem, que ha arribat al sistema democràtic per canviar el sistema democràtic amb les regles del sistema democràtic, no els vull comparar de cap manera amb Erdogan (Turquia), Kaczynski (Polònia) o Viktor Orbán (Hongria), que arriben a un sistema democràtic plural i liberal i volen destruir el pluralisme eliminant l’imperi de la llei, i en nom del poble.

P. En una entrevista recent, citant un estudi de la Universitat d’Oxford, va explicar que el Canadà és un exemple d’èxit perquè “els canadencs tenen la sensació que tenen la globalització sota control”. Suïssa o la UE són també casos d’èxit de la globalització, però els seus ciutadans no en tenen la sensació? La clau són les sensacions?

R. Fa poc vaig ser a Sankt Gallen (Suïssa) i un estudiant em va explicar que està en contra de l’entrada del seu país a la UE perquè té la sensació que a Suïssa es governen ells mateixos malgrat que era conscient que actualment han de complir gairebé totes les normatives de la UE. Moltes de les reaccions contra la globalització i contra la UE són per aquesta sensació de voler autogovernar-se. El populisme ha aconseguit identificar-se amb els conceptes de sobirania i democràcia, i defensar que la democràcia i la sobirania només són possibles en el context nacional. Per això cal donar a la ciutadania la sensació que participa en el govern sobirà d’Europa. El Canadà ha aconseguit gestionar la seva migració, i la gent ho sap. Per això accepten grans percentatges d’immigració, perquè saben que la poden controlar. El que ha passat a Europa és que vam eliminar les fronteres interiors però no vam assegurar les exteriors. I això va ser un gran error. La gent necessita confiança, seguretat. Hi ha liberals extrems que argumenten que hauríem de deixar venir a tothom; d’entrada podria funcionar, però seria l’inici del final del liberalisme als nostres països perquè la reacció de les nostres societats davant d’una immigració a gran escala seria tan contundent que Marine Le Pen ens acabaria semblant Voltaire.

P. Un any després del Brexit, i aquest és un assumpte sobre el qual ha escrit àmpliament, ¿en quines circumstàncies i sobre quins assumptes creu que poden utilitzar-se els referèndums com una eina de decisió?

R. Els referèndums han passat a formar part de la realitat política del Regne Unit. Un cop acceptat això, la qüestió són les condicions: Hauríem de tenir un percentatge de validació més elevat per al resultat guanyador? El 60%? Si has d’assumir un canvi molt gran, ja sigui abandonar la UE o la independència de Catalunya, necessites un consens nacional molt gran. Una majoria del 52% davant del 48% no és suficient. L’efecte d’un referèndum pot ser que no solucioni res i que deixi un país més dividit del que ho estava abans. Penso això des de Catalunya. I si el referèndum els deixa més dividits que abans?

P. El politòleg flamenc David van Reybrouck ha comentat que els referèndums poden ser una bona eina però de difícil gestió perquè és com “operar amb una destral” i perquè “els populismes els poden utilitzar al seu favor”.

R. Això és exactament el que hem descobert amb el Brexit, amb simplicitats de l’estil Trump, fins i tot mentides, de la campanya del Brexit. Et lleves un dia i descobreixes que ha guanyat el Brexit amb un 52% dels vots, però no es posen d’acord sobre què és el Brexit o què vol dir.

P. En quines condicions és legítim un acte de desobediència com el referèndum unilateral que vol organitzar la Generalitat? Els dirigents independentistes esgrimeixen la desobediència de Rosa Parks, la de Gandhi o la Carta de Drets Humans de l’ONU.

R. He treballat amb un col·lega d’Oxford en un gran estudi sobre trenta casos de desobediència, de Gandhi a les primaveres àrabs. El punt inicial de la desobediència és que no pots assolir els teus objectius a través de les lleis constitucionals. Haig de dir que la política de Rajoy i del PP ha estat extremadament insensata per no haver intentat veure la situació des del punt de vista català. Entenc que és un problema polític, no legal. Per altra banda, comparant els trenta casos que li comentava de desobediència, no em sembla que la resistència ciutadana a gran escala sigui l’única opció per a la situació catalana. Hi ha més opcions per estudiar per part dels polítics catalans i espanyols.

P. Vostè coneix bé les independències de Lituània, Letònia o Kosovo. Molts dirigents independentistes catalans citen aquests casos per legitimar la seva estratègia. Troba paral·lelismes entre ells?

R. No hi ha un kit d’Ikea d’automuntatge per aconseguir l’autodeterminació. Cada cas és diferent. El context aquí és completament diferent que el de l’antiga URSS o Iugoslàvia. Malgrat totes les diferències, crec que es poden aprendre algunes lliçons de l’experiència britànica. Les lliçons són contradictòries: en el cas escocès, el Govern central és prou intel·ligent per pactar aviat un referèndum i en una atmosfera òptima. L’altra lliçó és que quan arriba el Brexit entens que no pots decidir el futur d’un país per una majoria simple i en un moment determinat.

 

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Emily PARKER, “Las redes sociales no están destruyendo el mundo” a Letras Libres (12-07-17)

http://www.letraslibres.com/mexico/ciencia-y-tecnologia/las-redes-sociales-no-estan-destruyendo-al-mundo

Cada vez que entro en alguna red social, parece que hay alguien advirtiendo sobre los peligros de las redes sociales. Las opiniones negativas son demasiadas como para enumerarlas, pero los temas principales son, entre otros, que Twitter difunde información erróneaque Facebook contribuyó al triunfo de Donald Trump, que Rusia está en una guerra de redes sociales con Estados Unidos y que los filtros burbuja arruinan la democracia. Básicamente, el debate postula que Facebook y Twitter están destruyendo a Estados Unidos y al mundo.

Estos son solo algunos de los argumentos de los tantos que circulan. Si bien hay puntos válidos, cuando todos los alegatos se combinan contribuyen a formar una impresión general de que Internet hace más mal que bien. Pero no siempre fue así. El discurso mediático sobre Internet parece haber dado una vuelta completa y una opinión simplista reemplaza a la anterior. Hubo un tiempo en que Internet era visto como un catalizador para derrocar dictadores. Hoy en día, se considera una herramienta para los autócratas. Las redes sociales solían conectar a la humanidad; hoy en día nos separan. Lo que una vez sirvió como plataforma para disidentes valientes, hoy en día es un terreno fértil para promover el terrorismo, el racismo y la misoginia.

Los medios no son los únicos que argumentan en contra de la red. Los responsables de elaborar políticas también. Theresa May, la primera ministra del Reino Unido, no tardó en culpar al Internet por el ataque terrorista que ocurrió en Londres a principios de mes. “No podemos permitir que esta ideología cuente con el espacio seguro que necesita para reproducirse”, dijo. “Sin embargo, es precisamente eso lo que proporciona tanto el Internet como las grandes compañías que brindan servicios de conectividad”. Actualmente, May planea trabajar en conjunto con el primer ministro de Francia, Emmanuel Macron, para multar a las compañías de tecnología que no tomen medidas contra el extremismo en línea.

Incluso Barack Obama, el primer presidente de Estados Unidos en tener una gran presencia en las redes sociales, cambió su actitud. Se habló mucho de cómo las redes sociales ayudaron a que Obama fuera elegido en 2008, y, durante su presidencia, reinaba una sensación de optimismo con respecto a la tecnología. Por eso, resultó llamativo que en su discurso de despedida Obama haya mencionado a las redes sociales solo una vez y de forma negativa. Dijo que en las redes sociales nos rodeamos de gente que “comparte nuestras perspectivas políticas y nunca desafían nuestras conjeturas”. También habló de Internet de forma poco halagadora. “Si estás cansado de discutir con extraños en Internet, intenta hablar con uno en el mundo real”, dijo.

Hillary Clinton también parece haber cambiado su opinión sobre las redes sociales. En una reciente participación en el Code Conference, Clinton resaltó el rol de las redes sociales al momento de difundir noticias falsas. Clinton ya había hablado de las ventajas y desventajas de Internet en otras ocasiones, pero su tono solía ser más optimista. Como Secretaria de Estado, dio dos discursos importantes sobre la libertad en Internet, en los que remarcó el poder de las tecnologías de conexión. Además, el Departamento de Estado de Clinton, donde trabajé, mostraba un gran entusiasmo por el poder de la diplomacia digital en Twitter.

No sorprende que tanto Obama como Clinton desconfíen de Internet después del uso experto que hizo Trump de las redes sociales, del surgimiento de la “derecha alternativa”, de la interminable controversia por los correos electrónicos de Clinton, de la irrupción de WikiLeaks en el Departamento de Estado de Clinton, y del infame hackeo al Comité Nacional Demócrata. Sin embargo, durante las elecciones, el pesimismo tecnológico fue un tema en común de los dos partidos. Por ejemplo, los candidatos no hablaron demasiado sobre el poder liberador de las redes sociales. En lugar de eso, Trump hizo declaraciones como: “De ninguna manera quiero permitir que la gente que quiere asesinarnos y asesinar a nuestra nación use nuestro Internet” y “Debemos ser muy duros con los ataques cibernéticos y las ciberguerras”.

Sí, Internet tiene desventajas muy graves, entre ellas, una cultura de redes sociales que no funciona. Pero, si bien es importante enfatizar los peligros de la tecnología, el pesimismo excesivo también tiene sus riesgos. Los responsables de elaborar políticas públicas pueden usar a las noticias falsas como justificación para la censura. Por ejemplo, en China, se amenaza con encarcelar a los que difundan rumores en línea. El temor al terrorismo también puede llevar a la formulación de leyes que obliguen a las plataformas tecnológicas a eliminar inmediatamente ciertos contenidos, lo que puede tener un efecto intimidatorio sobre la libertad de expresión. Algunos creen que esto es lo que sucederá en Europa.

En una época en la que los activistas políticos necesitan la tecnología más que nunca, el pesimismo excesivo puede hacer que la gente pierda fe en el poder de las redes sociales como herramienta de resistencia. Los disidentes no pueden darse el lujo de ceder el campo de batalla de las redes sociales a los regímenes autoritarios. Si los gobiernos usan la tecnología para vigilar a la oposición y para difundir propaganda política, entonces los activistas deben usar la misma herramienta para difundir sus propios argumentos. Si Trump usa las redes sociales para atraer seguidores, la oposición debe poder aprovechar el poder movilizador de las redes sociales para contraatacar.

La tecnología es al mismo tiempo un problema y una solución, dice Cory Doctorow, activista y autor de la novela Walkaway. Pero, según él, los usuarios de las tecnologías todavía tienen una ventaja enorme. “La única forma de reivindicar la resistencia popular contra el control autocrático de la tecnología es apoderándose de los medios de información. No es algo que vamos a lograr con latas y estambre”.

Es posible que el pesimismo actual que provoca la tecnología sea, en parte, consecuencia de las expectativas poco realistas de que Internet nos “liberará”. Las sobredimensionadas revoluciones organizadas desde las redes sociales, como las de Irán, Egipto y la llamada “Occupy Wall Street”, han tenido resultados desalentadores. Algunos países, como China, han probado ser expertos notables en controlar la disidencia en línea. El optimismo tecnológico que alguna vez revoloteó en Washington y Silicon Valley contribuyó a formar iniciativas como la infame ZunZuneo, el intento fallido del gobierno de Estados Unidos de crear una red social en Cuba. Es necesario y hasta positivo que haya cierto grado de escepticismo tecnológico tanto de parte de los usuarios como de los responsables de elaborar políticas. Los disidentes necesitan saber cómo protegerse contra la vigilancia. También es importante entender hasta qué punto los extremistas y otros grupos peligrosos pueden manipular las redes sociales, y cómo las empresas de tecnología pueden contribuir para que las plataformas sean más seguras.

La cuestión fundamental es que Internet no es ni liberador ni represivo por naturaleza. Si alguna vez nos excedimos con nuestro entusiasmo en el uso de las tecnologías, parece ser que ahora vamos hacia el otro extremo. No volvamos a cometer el mismo error.