Presentació

Després de la experiència traumàtica del referèndum del Brexit, el resultat negatiu imprevist en el  referèndum colombià sobre l’acord de pau Govern-FARC i el quorum insuficient en el referèndum hongarès sobre les quotes de refugiats, afegeixen nous motius per qüestionar la idoneïtat d’aquest instrument de democràcia directa. Pablo Simón, sense menystenir-ne les contraindicacions, repassa les principals fàl·lacies argumentals contra el referèndum, tot defensant-lo com una institució democràtica rellevant.

Les vicissituds de la virulenta crisi del PSOE  estan generant multitud de comentaris i anàlisis que l’emmarquen en el context del declivi de la socialdemocràcia europea (Jordi Pérez Colomé/Kiko Llaneras), en destaquen com a causa de fons la seva desconnexió amb els sectors més dinàmics de la societat espanyola (Ignacio Urquizu), assenyalen la necessitat de dotar-se d’un projecte trencador en política econòmica i social, política territorial i política institucional (Roger Senserrich), i analitzen les contradiccions gairebé insalvables que generarà la resolució del dilema entre abstenció a la investidura de Rajoy o terceres eleccions generals (Jorge Galindo). Però abans d’aprofundir en tots aquests aspectes de fons, no és una qüestió menor fixar-se en com s’ha precipitat la renúncia del secretari general i la seva substitució per una comissió gestora que haurà d’arbitrar la resolució del dilema. Miguel Pasquau disecciona el mecanisme del cop burocràtic que ha defenestrat Pedro Sánchez, que òbviament condiciona  les solucions als problemes de fons que afecten el socialisme espanyol.

El terrabastall de la política espanyola està eclipsant les peripècies del procés independentista català en el que el president Carles Puigdemont ha superat l’escull de la moció de confiança sense massa dificultats, gràcies a una nova modificació del full de ruta inicial de la legislatura, que abandona la via de la declaració unilateral per la del referèndum acordat o unilateral. Lluís Bassets destaca que la conseqüència principal de la renovació de la confiança en Puigdemont és guanyar temps per administrar l’adequació a l’evolució del marc polític espanyol, sempre des de la comoditat del president de disposar de la clau de la facultat de dissoldre el Parlament.

Al marge dels ritmes de la política, l’economia espanyola segueix recuperant-se, no sense contradiccions. Ramon Xifré es pregunta si aquesta recuperació econòmica és fruit de les reformes estructurals que s’han aplicat o bé dels ajustos “automàtics” dels sectors públic i privat, per concloure que les reformes estant tenint un impacte menor, entre altres causes per la manca d’un consens polític que les faci possibles.

On és més evident el fracàs de les reformes és en el mercat laboral, encara més dual i precari que abans del 2010. Feliciano Felgueroso és un dels millors especialistes en el mercat laboral espanyol i en una llarga entrevista a CTXT, examina les estadístiques laborals, explica l’abast de la temporalitat laboral  a Espanya, destaca el fenomen nou de la uberització del treball i les seves conseqüències en el manteniment de l’Estat del benestar i en els instruments de defensa dels treballadors. També insisteix en la importància estratègica de la formació per adaptar-se als canvis i remarca el dèficit històric que arrossega la societat espanyola, causa principal de l’elevada taxa d’atur.

 

Pablo SIMÓN, “Críticas a los referéndums, las justas” a Politikon (6-10-16)

http://politikon.es/2016/10/06/criticas-a-los-referendums-las-justas/

“Tras el resultado del referéndum de Colombia ha vuelto a levantarse la marea de los detractores de los referéndums. Eso ya pasó con el triunfo del Brexit, pero la verdad es que hemos tenido un puñado de ellos en estas fechas, así que el debate irá para largo. Hemos tenido hace pocos días un referéndum en Hungría sobre las cuotas de refugiados que ha perdido el gobierno por la participación electoral, habrá uno en Italia antes de acabar el año por la reforma constitucional de Renzi y tuvimos el del año pasado de Tsipras en Grecia. “Los referéndums los carga el diablo”, habréis escuchado recientemente como crítica al instrumento.

Creo que es perezoso decir que un referéndum siempre es lo más democrático o que es deseable hacerlo siempre sobre cada materia. Como mecanismo de democracia directa se sabe que siempre tiene más costes aparejados que votar en unas elecciones, sesgándolo a favor de los más informados y con más ingresos. De hecho, el referéndum es susceptible de ser capturado por “minorías ruidosas”, las cuales tiene margen para modificar los términos del debate. Los recursos en la esfera pública no son ni de lejos homogéneos así que quien los proponga debería intentar buscar igualdad de acceso, de información… O al menos tener estos problemas en cuenta. Además, creo que no siempre es deseable reducir la política a una salida binaria y ha sido mostrado en diferentes ocasiones como se pueden manipular las preguntas. Quien fija los límites del terreno de juego es crucial.

Sin embargo, las críticas que últimamente se le están achacando a los referéndums no están siendo ni de lejos conectadas con lo anterior. Por el contrario, son bastante injustas o poco documentadas en algunos casos. Por ello quería revisar brevemente algunas de las falacias que se están diciendo estos días – y que van a circular mucho por artículos de opinión y tertulias.

La primera es la crítica consecuencialista. La idea es que si en el referéndum sale algo que no agrada, entonces se considera que el referéndum es una mala idea per se. Lo que habría que hacer, se defiende, es mantener los consensos básicos en manos de nuestros representantes. Sin embargo, no entiendo muy bien por qué ese razonamiento no aplica también a las elecciones. Es decir, si Trump o Marine Le Pen ganara las presidenciales ¿Habría que suprimir las elecciones? Si el partido de los Verdaderos Fineses o el de Alternativa por Alemania son decisivos en el parlamento ¿Habría que suprimir estas cámaras? No parece muy razonable, así que cualquier crítica que apele sólo al resultado parece pobre. Uno puede debatir sobre la materia más susceptible de referéndum, pero no ser ventajista.

La segunda es que el referéndum nace de una falta de liderazgo. Según esta idea, los políticos recurren a las consultas (al pueblo, a las bases) para librarse de tener que tomar decisiones. Sin embargo, hay que pensar que los referéndums tienen dos tipos de orígenes; los que vienen de abajo arriba, de sectores de la sociedad civil que proponen una votación (por ejemplo, Suiza o Estados Unidos sobre gran cantidad de temas) o de arriba abajo (cuando los líderes buscan el refrendo de una decisión). En el primer caso no hay mucho que decir, los líderes políticos tradicionales juegan menos rol. En el segundo es justo lo contrario a la crítica planteada, es decir, los líderes normalmente recurren a los referéndums como un mecanismo para hacer bypass a su partido, para poder tomar decisiones que puedan sortear la oposición de su propio aparato o correligionarios.

Dicho de otra manera, el plebiscito desde tiempos de Napoleón III es el mecanismo para el refrendo del líder, no al revés. Es cierto que hay un viejo adagio que tenemos que revisar; los referéndums se convocan para ganarse. Sin embargo, la lógica no es muy diferente a del cálculo estratégico de un adelanto electoral en un sistema parlamentario – que puede salir bien o mal pero los líderes intentan usar en su provecho. Con la ventaja, eso sí, de que el líder no siempre tiene que marcharse tras perder un referéndum. Por lo tanto los plebiscitos realmente no son síntoma de falta de liderazgo, sino normalmente la búsqueda de su refuerzo.

La tercera de las críticas que se hace es a la de falta de información, aunque en un sentido un poco diferente a la que planteaba arriba. Lo que se comenta es que la gente no tiene pleno conocimiento sobre las implicaciones que tiene una decisión de la trascendencia que toman en un referéndum. Que la gente vota con las vísceras. Este argumento, de nuevo, es un poco tramposo cuando pensamos que en unas elecciones parlamentarias la información juega un papel para participar (que además correlaciona con interés por la política), pero no marca necesariamente el sentido del voto. Antes bien, en una elección ordinaria elementos como la valoración del candidato, los atajos partidistas (es decir, la posición de tu partido político) o la ubicación ideológica juegan un papel fundamental.

Dicho de otra manera, la gente no se lee los programas electorales ni necesariamente está muy informada sobre las implicaciones del sentido de su voto – aquí entran procesos de racionalización. Y lo curioso es que todos estos elementos que afectan en las elecciones son también los que determinan el voto en un referéndum. Es decir, el interés en la cuestión tratada marca los niveles de participación – que en promedio es como 10 puntos menos que una elección – pero lo cierto es que las consultas en referéndums se ven “contaminadas” por los factores clásicos que determinan cómo votamos en las elecciones.

La cuarta cuestión que se plantea es que un referéndum es un instrumento mayoritario, por lo que inhabilita los mecanismos consensuales de pacto y acuerdo entre representantes. Siendo cierto, esta idea es como poco matizable; por hacer un referéndum la aburrida democracia representativa no queda escorada. De un lado, el diseño de la cuestión o el tema material a tratar en un plebiscito suele ser objeto de un acuerdo o de la decisión de un líder político electo. Es decir, la democracia representativa aplica en la fase previa y, según el resultado, también en la fase de gestión del resultado. Del otro lado, que en los referéndums de abajo a arriba muchas veces son mecanismos para meter temas en la agenda que luego son los políticos los que apadrinan en forma de leyes – un tercio de los referéndums en Suiza se retiran antes de votarse.  Es más, el mecanismo de referéndum abrogatorio – que anula leyes – obliga a los políticos a ser mucho más cautos y hablar con todos los sectores de la sociedad civil antes de aprobar una medida, generando dinámicas más consensuales.

Por lo tanto, me parece bien que se debata sobre el referéndum por cuestiones materiales (qué elementos o cuales no son susceptibles de referéndum), por el diseño de los mismos (preguntas y manipulación) o por los sesgos que puede generar en las decisiones (interesados y con más recursos). Sin embargo, me parece que algunas de las críticas que se están haciendo tienen poco fundamento y se basan más en prejuicios elitistas que en una crítica genuina para hacerlo compatible con el funcionamiento de nuestras democracias”.

 

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Miguel PASQUAU,  “Una abstención ‘por poderes’” a CTXT (5-10-16)

http://ctxt.es/es/20160928/Firmas/8767/psoe-gestora-abstencion-criticos-sanchez-barones-borrell.htm

“No podrían entenderse los modos y los tiempos de la Operación Sargento Chusquero (por utilizar la magnífica expresión de Borrell) si no se es consciente de cuáles eran sus dos objetivos: el primero, evitar que Sánchez pudiera forjar una propuesta de gobierno “alternativo” con Podemos; y el segundo, conseguir la abstención a una investidura de Rajoy sin contaminar o marcar, como un pecado original, a quien habrá de llegar pronto como sucesor o sucesora de Sánchez. Una abstención “por poderes”, sin dar la cara. Para una y otra cosa hacía falta algo tan neutro, insípido, feo, burocrático y provisional como una “gestora”.

Lo que se pretendía no era acabar “ya” con Sánchez. No había prisas en eso. Al contrario. A los críticos de Sánchez les habría encantado que durase un poco más, el tiempo necesario para que el líder o la lideresa que lo sustituyera llegase, sin mancha, después de la delicada decisión de facilitar la investidura de un Gobierno del Partido Popular. Sánchez “sirvió” en un primer momento para frenar a Madina (a quien podrían admitir como cabeza de cartel para no perder por mucho, pero no como secretario general, porque esa silla está reservada), y Sánchez todavía “servía” para ponerle cara a un PSOE en declive y, como sostiene Ignacio Escolar en un brillante artículo, “comerse el marrón de la abstención”: un servicio al partido que Sánchez decidió no desempeñar. Quisieron asignarle a Sánchez el papel de una Gestora del partido, él se resistió, reivindicó su derecho a hacer política, y tuvieron que sustituirlo… por una Gestora.

Lo exigía el guión

Ese es el sentido de la conspiración (el término creo que es exacto). Un grupo de barones y de socialistas influyentes se dan cuenta de que Sánchez, hombre de poco carisma y destinado a preparar el camino al Mesías, podía estar tramando en serio un gobierno con Podemos apoyado por nacionalistas, lo que produciría dos consecuencias: por un lado, se rompería el discurso sostenido por algunos de que el PSOE es el dique contra la marea de Podemos y de los que quieren romper España; por otro lado, podría consolidar más de lo esperado el liderazgo de Sánchez, contra todos los planes, proyectos y pronósticos.

La sindicación entonces era inevitable: contra Sánchez se unieron quienes quieren urdir otro liderazgo en el PSOE, y quienes, al margen del liderazgo concreto, se sienten más cerca del PP que de Podemos (lo cual no tiene por qué ser pecado, pero sí es algo que todavía les cuesta reconocer a casi todos, quizás por problemas de discurso electoral). El objetivo no podía ser otro que una “gestora”, es decir, un camión de la basura, una alcantarilla, una entelequia formada por personajes secundarios, funcionarios del partido, de fidelidad contrastada a los que mandan y sin pretensiones de proyección personal, dispuestos a acaparar la suciedad (“el marrón”) para que así la calle quede limpia y decente para el Mesías que ha de venir, sin pecado concebido o concebida.

Es así, no lo duden. Sabían lo que querían. El objetivo de la Operación Sargento Chusquero era la Gestora. El cese de Sánchez podían haberlo obtenido por procedimientos estatutarios impecables, pero tales procedimientos tenían un inconveniente: comportaban la necesidad de una sustitución inmediata del líder por otro u otra, y ese “otro” u “otra” da la impresión de que sólo quiere llegar a la secretaría general del partido una vez que el PSOE esté ya colocado en la oposición a un gobierno de Rajoy, debido a un fracaso electoral “de Sánchez” y a una abstención técnica, “impuesta por las circunstancias”. Hacía falta una gestora que desalojase a Sánchez y demorase la entronización de la nueva Secretaría (con acento en la “i”) General. Curtidos en intrigas de aparato, y por supuesto siempre al servicio del partido, supieron que no había otro camino más que una operación rápida que generase una situación de excepcionalidad.

La pensaron y la ejecutaron de una manera que pareció chusquera, pero resultó eficaz: la dimisión de los 17 concertada en fraude de ley (digo en fraude de ley porque por un medio aparentemente legal persiguieron un resultado contrario a la norma, que es el cese del secretario general por la decisión de una minoría de miembros de la Ejecutiva —17 contra 18—); el forzadísimo discurso sobre el vacío de poder que ningún jurista podría tomarse en serio (“Pedro Sánchez ha dejado de ser secretario general”); la “Única Autoridad, que soy yo” (reconozcan que eso sí fue genial); tres miembros de la Comisión de Garantías (convertida en Comisión de Chapuzas) entregando en mano una “resolución” (igual que si 176 diputados —mayoría absoluta— hacen una “ley” en un bar) que quizás estaba ya escrita desde hacía alguna semana por algún experto; el voto sobre qué se vota; las previsibles torpezas de Luena y su equipo (como lo de esa “urna a traición”, colmo del estrambote); el pánico a la escisión del partido; y la Gestora, es decir, el partido en punto muerto.

Ese era el objetivo: una Gestora obviamente no puede negociar un Gobierno alternativo. Habrá, pues, abstención, no lo duden. Una abstención “técnica”, sin decisión propiamente política, sin consulta a las bases, porque la función de la Gestora no es otra más que comerse ese marrón: para eso se ha hecho todo. Para muchos dirigentes socialistas nunca hubo dudas, desde el 20-D, de que el PSOE debía abstenerse en la investidura de Rajoy; la duda era cómo y cuándo hacerlo sin que se notara demasiado. Sánchez, engañando en privado a González pero cumpliendo su pública promesa electoral, dijo que no, y se les ocurrió lo de la Gestora.

Una zanja que no puede coserse

Llegamos así a algo que venimos atisbando desde hace tiempo como el verdadero drama del PSOE, y que lo está tensando hasta el desgarro desde el 20-D. El PSOE ha presumido siempre, con razón, de que en su seno hay pluralismo, diferentes sensibilidades, disputas y desencuentros por múltiples razones ideológicas, políticas y personalistas. Esa complejidad interna ha hecho del PSOE algo vivo y atractivo durante mucho tiempo. En el momento actual, sin embargo, en fase avanzada de cuarto menguante y con penuria desigual de votos según territorios, y ante el previsible escenario de tener que decidir una y otra vez, como segunda o tercera fuerza electoral, qué política de pactos va a seguirse, se abre una fractura que más bien es una zanja para la que no caben “costuras”, porque es un conflicto de intereses en el que unos ganan y otros pierden.

Esa “zanja” divisoria no es la que separaría a susanistas o sanchistas, por favor, claro que no: estoy seguro de que muchos militantes y dirigentes del PSOE preferirían tener más donde elegir. Es algo más grave, de gran calado político y estratégico: se trata de una radical discrepancia en la elección entre dos prioridades que son excluyentes: o sostener un proyecto político diferenciado del PP, que pueda llevar al PSOE a aliarse coyunturalmente con Podemos; o sostener un proyecto diferenciado de Podemos que lo pueda llevar coyunturalmente a aliarse con el PP. Son dos posturas que no pueden reconciliarse, y es lo que está en juego a corto, a medio y a largo plazo en el PSOE.

Es lo que lo divide en dos partes (no necesariamente iguales), y que pese a haberse eludido durante un año, con el consiguiente mareo de perdiz, repetición electoral y bloqueo de la situación política, ha llegado al momento de la verdad: ¿cuál es la prioridad? ¿A qué se le da más importancia, en caso de tener poder de decisión?, ¿a impedir gobiernos del PP cuando sea posible, o a impedir gobiernos de o con Podemos? Ambas líneas estratégicas e ideológicas son legítimas, no faltaba más. Pero no caben en un mismo partido. Sólo serían conciliables con grandes victorias electorales generalizadas que ni están ni se esperan.

Reparemos en lo siguiente: el PSOE de Andalucía, de Extremadura, y quizás el de Castilla la Mancha, puede aspirar, todavía, a ganar elecciones en sus territorios (es decir, a ser la fuerza más votada), y por tanto a gobernar sin la necesidad del apoyo de Podemos: puede bastar con Ciudadanos, o con la abstención del PP, que podría obtenerse fácilmente si el PSOE hace lo propio y no fuerza alianzas con Podemos en el Estado o en otras Comunidades Autónomas. Por eso a algunas federaciones territoriales del PSOE (sobre todo las del sur) les interesa, objetivamente, un pacto con el PP de no agresión a nivel nacional, un pacto del bipartidismo, con arreglo al cual ambos serán adversarios en todos los procesos electorales, no gobernarán en coalición, pero ninguno de los dos partidos urdirá, en circunstancias ordinarias, un pacto de perdedores contra el más votado.

Es el pacto de la lista más votada, último bastión del bipartidismo (puesto que, de respetarse, Podemos quedará siempre en el gallinero, y no podrá influir en la conformación de gobiernos ni condicionarlos a menos que ganase holgadamente las elecciones). Pero este pacto, ansiado por el PSOE de Andalucía, es demoledor para el PSOE en otros territorios como Madrid, Galicia, Castilla León, Valencia, Aragón, Baleares, y por otras razones añadidas, País Vasco y Cataluña, porque lo convertiría en irrelevante y lo dejaría sin argumentos de ningún tipo frente a Podemos. El resultado no es “suma cero”: con ese pacto, una parte del PSOE gana, y otra pierde. Por eso hablo de zanja.

Quizás el sargento no era tan chusquero

La Operación Sargento Chusquero no ha dado puntada sin hilo. Quizás no era tan chusca. Sabía lo que pretendía, y va a conseguirlo. El PSOE del sur tiene poder, cuadros y aparato para defender sus intereses, que en este caso encuentran buenos aliados en ciertas esferas del PSOE, las que están en continua ósmosis con élites financieras y mediáticas. No sé si es bueno para España facilitar ahora un gobierno del PP, pero lo que sí sé es que resulta ventajoso para el PSOE del sur (unas organizaciones que necesitan el poder para no caer en el vértigo), porque da la impresión de que en el sur puede seguir valiendo el bipartidismo.

Apoyados en el impulso del papa emérito (Felipe González), mimados por una obsequiosa y fullerísima campaña de intoxicación informativa de El País (que parece haber vendido sus penúltimas reservas morales para invertirlas en cinismo), y propulsados por el explicable descontento de muchos dirigentes y cargos socialistas que no vivieron con entusiasmo la elección de Sánchez ni la gestión del partido por su equipo low cost (la expresión es de una amiga cuyo nombre me encantaría dar, pero no puedo para no comprometerla), han conseguido las dos cosas que se proponían: evitar la negociación de un Gobierno alternativo con Podemos, y demorar la elección del próximo secretario o secretaria general hasta después de la incómoda abstención en la investidura de Rajoy como presidente del Gobierno.

A menos, eso sí, que a Rajoy le susurren al oído sus consejeros que busque unas terceras elecciones, para lo que bastaría con no proponerse de nuevo como candidato por no confiar en el endeble soporte de la abstención, probablemente no unánime, de un partido que no sabe bien dónde va. ¿Se imaginan, entonces, el estropicio? ¿Se imaginan al PSOE rogando al Rey que proponga como candidato a Rajoy? Aunque tengo para mí que todo está hablado, y que el sargento no ha dado la orden antes de cerciorarse de que Rajoy no le traicionaría”.

 

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Lluís BASSETS, “La llave de Frodo” a El País (3-10-16)

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/10/02/catalunya/1475427478_068024.html

“El voto de confianza obtenido el jueves por Puigdemont es varias cosas a la vez. Ante todo, es la culminación de la investidura del actual presidente, improvisada en el límite de la convocatoria de nuevas elecciones el pasado 10 de enero ante el veto de la CUP a una continuación de Artur Mas. Nueve meses después aquella decapitación, a mitad de camino de los 18 meses de plazo para culminar el proceso, el exalcalde Girona ha hecho su auténtico discurso de investidura y ha revalidado, tal como se había propuesto, su presidencia.

La decisión de someterse a una votación de confianza a plazo, ante la negativa de la CUP a validar los presupuestos, era el reconocimiento implícito de que se trataba de un presidente a prueba. Ahora ya no lo es. Ha salido aprobado, con lo que así se cierra también, y definitivamente, cualquier posibilidad de resurrección presidencial de Artur Mas. Si hay que disolver el Parlament en los próximos meses porque la relación con la CUP sufre un nuevo percance, o dentro de un año como está previsto, a nadie le pasará por la cabeza recuperar la figura del presidente que fue el líder imprescindible y el mayor activo del Procés.

La confianza obtenida por Puigdemont es también el regreso a la casilla de salida: hay que repetir de nuevo todo lo que se ha hecho hasta ahora. Primero habrá que intentar otra vez el referéndum legal, a continuación habrá que intentar el unilateral, bautizado ahora de vinculante para evitar que aparezca como ilegal, repitiendo por tanto el camino que ya recorrió Artur Mas. Y si no sale nada de esto habrá que volver a disolver y a elecciones, como hizo Mas, aunque esta vez quizás se enmascararán de constituyentes así como las anteriores se maquillaron de plebiscitarias, siendo siempre y en todos los casos meramente autonómicas.

Pero esto no es exactamente una repetición sino una enmienda: esta vez hay que hacerlo bien. Se entiende que a Artur Mas le suba la mosca a la oreja porque Puigdemont le está diciendo que lo hizo mal e incluso muy mal: su referéndum debe convocar a los partidarios del no, la pregunta debe ser sencilla y sin dobleces y sus efectos deben ser vinculantes, es decir, que debe producir como resultado la independencia efectiva si sale que sí, para lo cual habrá que estar preparado a todos los efectos, incluido el reconocimiento internacional.

Hay muchas dudas de que se pueda hacer bien alguna vez lo que solo puede salir si se hace mal. Pero este es el reto que se ha impuesto Puigdemont a sí mismo, remachado por su empeño en demostrar que hay una legalidad catalana que puede nacer por generación espontánea de la legalidad española en la que puede caber lo que no cabe en la legalidad matriz. Las leyes de desconexión que se propone el bloque independentista son la improvisación de una reforma de la Constitución española desde el parlamento catalán, con la que se modifica no tan solo el estatus de Cataluña sino el de España entera sin participación alguna de las instituciones y de los ciudadanos españoles. A saber quién podrá admitirlo y reconocerlo, dentro y fuera.

La nueva hoja de ruta cuenta con una base política de geometría nueva y claramente escorada hacia la izquierda. En la de Artur Mas su Convergencia todavía caminaba de la mano de Unió, esta última siempre un paso atrás en la marcha de la pareja, partidaria del pacto fiscal ante el derecho a decidir y del derecho a decidir ante la independencia. Se mantenía también una cierta relación dinámica con el PSC, a partir de su intento de evitar que el derecho a decidir fuera simplemente un eufemismo para el derecho de autodeterminación y comprendiera todavía la consulta sobre una reforma constitucional o estatutaria.

En el actual trayecto, la CUP es la que completa la base parlamentaria insuficiente de Junts pel Sí. Sin ella no hay confianza ni presupuestos, el instrumento imprescindible para dotar de contenido social al proyecto nacional. Y la zona de apertura la proporciona Catalunya Si Que Espot, partidaria del derecho a decidir, que ya ha adelantado una fórmula perturbadora para el referéndum, pero interesante para ampliar su base, consistente en preguntar por la República Catalana en vez del Estado independiente. Nótese que una tal formulación da amplios márgenes a la ambigüedad —al igual que el Estado propio los daba en 2012 cuando todo empezó— en lo que se refiere a la relación con España: la república puede ser confederada, federada o independiente. No da márgenes en cambio en cuanto a la jefatura del Estado: nadie entendería que una república catalana formara parte de la monarquía española. Y con ello hace un guiño al republicanismo de todas las Españas: se puede mantener la dichosa unidad si se desaparece la monarquía.

Esa confianza obtenida por Puigdemont el jueves parece poca cosa, pero ya se ha visto que dentro de este tipo de envoltorios tan pequeños cabe mucha sustancia. Desde el punto de vista temporal da para un año entero, que en política es una era geológica. Durante este tiempo, Puigdemont tendrá en su mano el bien más preciado y poderoso que puede tener un gobernante, un objeto metálico pequeño y frío que cierra y abre puertas y concretamente las de la disolución del parlamento. En un año, el próximo apalabrado, se definirá, además, la nueva geometría del poder en España y sabremos todos con qué fuerza entra cada una de las propuestas vigentes —statu quo, tercera vía federalista o independencia— en el debate que sin duda irrumpirá finalmente en el parlamento español después de cuatro años circunscrito a las instituciones y a la calle catalanas.

Como Frodo, el protagonista del Señor de los Anillos, Puigdemont tiene ahora en sus manos un objeto que confiere poderes extraordinarios y le permite amenazar a la CUP con una indeseada disolución en la que esta formación dejaría muchas plumas o, al contrario, provocarla directamente con la presentación de unos presupuestos infumables en caso de que sea tan negro el horizonte del proceso como para trasladar el fracaso seguro a una nueva decisión de los electores, e intentar con ello recuperar al menos parte de la fortuna perdida. No está mal para un presidente improvisado a última hora antes de ir a una repetición de las elecciones catalanas”.

 

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Ramon XIFRÉ, “Recuperación: ¿ajustes o reformas?” a Nada es Gratis (3-10-16)

http://nadaesgratis.es/admin/recuperacion-ajustes-o-reformas

“¿Han funcionado las reformas en España? ¿Estamos como estamos por el efecto de las reformas estructurales que se han adoptado o como resultado de ciertos ajustes “automáticos” que ha realizado tanto el sector público como el sector privado para superar la crisis?

Aquí se presentan una serie de hechos estilizados sobre la recuperación en España con el objetivo ofrecer una respuesta, parcial e incompleta, a estas preguntas. Dado que desde principios de 2012, sobre el papel, se han adoptado múltiples reformas parece procedente examinar si están dando los frutos deseados. Además, este análisis pretende contribuir al debate más general sobre la validez y las limitaciones de los modelos que se utilizan habitualmente para predecir el impacto de las reformas estructurales. Estos modelos y los marcos conceptuales que los soportan sirven para determinar –o legitimar, según sea la postura de cada uno– decisiones de política económica con consecuencias evidentes sobre los ciudadanos y las empresas.

Este trabajo no pretende realizar una evaluación formal del impacto global de todas las reformas estructurales adoptadas desde 2012 en España. Hacerlo sería una tarea compleja que requeriría de las aportaciones de un grupo de especialistas.  Además, y ese es el obstáculo principal, probablemente todavía no tengamos suficiente perspectiva temporal como para hacer una evaluación rigurosa y detallada. Aquí el objetivo es más modesto; se pretenden examinar un conjunto de variables económicas antes y después de las reformas y contrastar si lo que observamos es compatible con los efectos esperados de las mismas.

Esta entrada es una versión ampliada de una columna en Vox basada en documento de trabajo (aquí). Este análisis se integrará con otros trabajos relacionados sobre las reformas en España para dar lugar a un documento que encargó la Fundación Alternativas sobre las reformas del futuro, en el cual he trabajado conjuntamente con Jordi Salvador, y que estará disponible en breve.

Antecedentes

La forma más habitual de evaluar el impacto de las reformas estructurales es “traducirlas” a shocks o cambios de parámetros que puedan ser introducidas en un modelo. Bouis y Duval (2011) pueden considerarse una referencia clásica (aquí) de esta práctica. La Comisión Europea (2016) ha utilizado esta metodología en un documento reciente (aquí) que evalúa el impacto de las reformas en Francia, Italia, España y Portugal. Es destacable que la Comisión no se limita a estudiar las reformas más habituales (las de los mercados de trabajo y de productos) sino que trabaja con un catálogo relativamente amplio que, en caso de España, incluye entre otras, las pensiones, la reforma fiscal y la ley de unidad de mercado. Por otro lado, el FMI (2016) ha seguido una línea parecida (capítulo 3 de aquí) para examinar el impacto de las reformas en el mercado de trabajo y en el de productos, pero en este caso analizando la diferencia de los impactos entre el corto y el medio/largo plazo.

La literatura generalmente entiende por reforma estructural cualquier medida de política económica que incremente la competencia, productividad y la participación laboral. También se incluyen medidas que mejoren el funcionamiento de los mercados e incentiven la adquisición y el uso de cualquier tipo de capital. Partiendo de esta definición, no sorprenderá que prácticamente todos los trabajos encuentren que las reformas estructurales incrementan el PIB.

Con todo, el propio FMI admite en el documento citado anteriormente que hay que analizar con mucho cuidado los efectos de las reformas y citan algunas referencias interesantes. Una es Eggertsson et al. (2014) (aquí, y comentado por Fernández-Villaverde aquí) que argumentan que en una situación como la actual con los tipos de interés al mínimo, las reformas pueden ser perjudiciales para la actividad económica en el corto plazo y, si no van acompañadas de una política monetaria apropiada, podrían alimentar expectativas de deflación y deprimir la demanda agregada. Otra aportación relevante proviene de Rodrik (2015, aquí) que subraya la importancia de superar determinados “cuellos de botella” (regulatorios, estructurales) para poder pasar de las ganancias potenciales a la reales. Mientas no se aborden estas limitaciones estructurales al crecimiento, la lógica simple que suele estar detrás de la mayoría de las reformas (“abrir los mercados a la competencia para aumentar la eficiencia”) puede que no funcione. Sobre esto volveremos al final.

El caso de España: la recuperación en 5 observaciones

La Comisión Europea estima que las principales reformas incluidas en los Programas Nacionales de Reforma de 2013 (aquí) y de 2014 (aquí) y que han sido efectivamente aprobadas y convertidas en normativa podrían añadir alrededor de 0,2 puntos porcentuales anuales al crecimiento del PIB. Como estos incrementos serían acumulativos, a largo plazo esto podría representar incrementos adicionales en el crecimiento del PIB de 1,3% en 2020 y 3,6% en 2035 (con respecto al escenario alternativo de “no reforma”).

Por importantes que puedan parecer estas cifras, no son tan optimistas como las que se presentan en otro documento de la Comisión (Varga e in‘t Veld 2014, aquí) que utiliza un metodología distinta con el objetivo de identificar las ganancias potenciales en productividad y producto. En ese caso, y asumiendo que mediante la adopción de reformas España pudiera reducir a la mitad el diferencial de productividad que le separa de los países de cabeza de la UE, se podría incrementar el crecimiento del PIB en 6 puntos porcentuales en 10 años.

No entraremos ahora a vindicar o criticar estas proyecciones, se lo dejaremos al tiempo. Ahora bien, sí que se puede tratar de obtener algunos hechos estilizados que caractericen la recuperación y contrastarlos con lo que sería esperable de un programa de reformas estructurales. Aquí se presentan sólo tres gráficos y una tabla pero el documento de trabajo contiene información para todos los puntos.

Observación 1

La tendencia negativa en el balance por cuenta corriente se interrumpió en 2009, antes de que se adoptara ninguna reforma estructural. Lo mismo sucede con las principales medidas de competitividad exterior de la economía (tipo de cambio efectivo real ajustado por diversos deflactores). Queda abierta la cuestión de cómo han contribuido a la recuperación posterior la adopción por parte del gobierno de medidas y el cambio en la política monetaria del BCE. Pero parece fuera de duda que los cambios iniciales de tendencia en 2009 no fueron la respuesta a ninguna medida de política económica específica (Figuras 1 y 2) sino ajustes que realizó principalmente el sector privado por su cuenta.

Figura 1. Balance por cuenta corriente (como % del PIB)

1

Fuente: FMI

Figura 2. Tipo de cambio efectivo real con respecto el resto de países de la Zona Euro deflactado por los costes laborales unitarios para el total de la economía (índice 2000 = 100).

2

Fuente: Comisión Europea.

 

Observación 2

La economía española ha corregido parte de sus desequilibrios no solo externos sino también internos. El sector financiero tiene todavía retos por delante pero está en una situación mucho mejor que en 2008 o 2012. A pesar de que el déficit público sigue creciendo, la deuda ha abandonado la trayectoria explosiva que inició en 2009. Los sectores de la construcción e inmobiliario se han reducido significativamente y una buena parte del valor añadido que dejan de aportar (cerca del 75%) lo compensan las exportaciones. Ahora bien, no se puede decir que la economía española haya cambiado significativamente su modelo de crecimiento ya que sigue dependiendo de la demanda interna. Las exportaciones netas de productos no energéticos representaron un 0,5% del PIB en 2014. Esta cifra ha ido en aumento pero está muy lejos de las correspondientes a Alemania y Holanda (alrededor del 10% del PIB) e incluso de la de Italia (5%). Estos diferenciales pueden considerarse una medida de los retos a los que se enfrentan las empresas españolas que deseen internacionalizarse. La dificultad para cambiar de modelo también se aprecia descomponiendo el crecimiento del PIB según el origen de la demanda. En cuanto la demanda interna repunta (1r trimestre de 2014) prácticamente todo el crecimiento del PIB proviene de ella, como antes de la crisis.

Observación 3

Es en el ámbito del mercado laboral donde se han producido las principales reformas desde 2012, y también, las más polémicas (como muestras, ver aquí para el estudio de FEDEA de 2015 de García Pérez y Jansen 2015 y aquí para un estudio de CCOO de 2016). Lo que parece claro es que el empleo y el desempleo eran a finales de 2015 situaciones relativamente diferentes a lo que fueron antes de 2008, sin que se pueda atribuir el cambio por completo a los efectos de la reforma. En cuanto al paro, los parados de larga duración han multiplicado por cuatro su representación dentro del colectivo entre 2008 y 2015 alcanzando el 44% (Figura 3; el tema ha sido ampliamente abordado en este blog: entre otros, aquí por De la Rica en 2013 y aquí por Conde-Ruiz y Marra en 2015). El porcentaje de desempleados en riesgo de pobreza o exclusión social ha aumentado del 40% al 60% en el periodo. En cuanto al empleo, ha habido creación neta de puestos en los tres años siguientes a la reforma de 2012 pero mediante un patrón de sustitución por el cual por cada dos contratos temporales creados se ha perdido un contrato fijo (Tabla 1, columna sombreada). La rotación laboral no parece que se reduzca y el porcentaje de empleados en riesgo de pobreza o exclusión social, que se mantuvo constante entre 2008 y 2013, ha aumentado desde entonces (ver aquí para un post muy reciente de Felgueroso que trata con más detalle el tema).

Figura 3. Número de desempleados por duración del desempleo (millones de personas)

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Fuente: INE.

Tabla 1. Variación en el desempleo según el tipo de contrato (miles de personas)

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Fuente: INE.

Observación 4

El número de empresas que realizan actividades de innovación en 2014 era aproximadamente la mitad que en 2008 (el 43% en el caso de innovación tecnológica y el 60% para innovaciones no tecnológicas; ver aquí para un análisis mío algo más detallado en Cuadernos de Información Económica). Esta tendencia negativa de la actividad innovadora en las empresas se añade a los datos preocupantes sobre inversión en I+D, que lleva cayendo cuatro años en el sector público y seis en el privado (ver aquí). España vuelve a ser “diferente”: mientras aquí se reduce la innovación y se recorta en I+D, en la UE en su conjunto y en la mayoría de sus estados miembros no ha dejado de crecer. El resultado es que nuestra convergencia en intensidad inversora en I+D con la UE terminó en 2009.

Observación 5

Aunque es pronto para tomarlo como una tendencia firme hay indicios de que algunas empresas españolas están cambiando su estructura y la forma de organizar su carga de trabajo. En 2015 ha habido creación neta de empresas (incluyendo todo tipo sociedades y autónomos) por primera vez desde la crisis (ver el mi artículo anterior en CIE). Pero este crecimiento tiene algo de anómalo en términos históricos ya que el tipo de empresa que contribuye más al crecimiento neto global son los autónomos. El número de sociedades anónimas sigue en lento declive y las sociedades limitadas aumentan pero sólo levemente. Aún es pronto para saber si este comportamiento se mantendrá y, es más, tampoco están claras todas sus causas y consecuencias, pero los datos pueden reflejar un cambio en la estrategia de algunas empresas, que ahora se decantan por reducir sus estructuras fijas y, a cambio, externalizar cada vez más hacia autónomos. Una cuestión abierta es si hay relación entre este punto y el anterior.

Conclusión

La economía española se está recuperando y algunas de las reformas adoptadas desde 2012 han contribuido a ello. Con todo, también hay señales claras de las limitaciones del programa de reformas que se ha adoptado hasta el momento. Por un lado, algunas mejorías fundamentales fueron previas a las reformas. Por otro, en ámbitos clave como el mercado laboral y el modelo de crecimiento, no hay base para sostener que las reformas hayan tenido éxito: tenemos un mercado laboral más dual y precario y nuestro crecimiento vuelve a depender casi exclusivamente de la demanda interna.

Naturalmente, las causas de todo ello van más allá de las reformas que se hayan o no adoptado en los últimos años y tienen que ver con limitaciones estructurales (económicas, sociales, institucionales); verdaderos “cuellos de botella” que nos impiden crecer mejor. Sobre estos problemas han reflexionado numerosos autores en los últimos tiempos; tengo localizadas al menos 20 referencias desde 2010 y, tan solo a efectos de muestra, se puede citar a Garicano 2014 (aquí), Andrés y Doménech 2015 (aquí) y Martín Carretero 2016 (aquí).

Los datos aquí analizados sugieren que nuestra “recuperación” tiene más de ajuste que de reforma. Reformar a fondo nunca es fácil y suele exigir un elevado consenso político, lo cual requiere una mínima confianza entre gente con intereses diferentes. Nos dirigimos hacia un año de gobierno en funciones precisamente por la desconfianza y la superficialidad de nuestros políticos. Es inevitable que uno se pregunte si estos mismos políticos están capacitados para gobernar nuestra recuperación”.

 

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Entrevista a Florentino FELGUEROSO a CTXT (6-10-16)

http://ctxt.es/es/20161005/Politica/8769/temporalidad-mercado-laboral-recortes-Felgueroso-economia-digital.htm

Florentino Felgueroso (Bruselas, 1966) es  uno de los mayores expertos españoles en mercado laboral. Investigador asociado de Fedea, y profesor de la Universidad de Oviedo, sus campos de estudio son el funcionamiento de los mercados de trabajo y las instituciones laborales, las políticas de empleo y la educación. Economista cuya ideología es el empirismo que contrapone al apriorismo”, defensor del contrato único y colaborador habitual del blog Nada es Gratis, Felgueroso confirma en esta entrevista algunas tendencias y errores de las políticas públicas y desmiente con datos algunos mitos y leyendas.

Cada vez que se publican datos sobre el empleo, las interpretaciones que se hacen de ellos difieren considerablemente. ¿Hay un uso político de los datos sobre el mercado laboral?

Sí, lo hay.

¿Y existe algún referente para determinar la interpretación correcta de los datos?

Las estadísticas están en un contexto que puede ser interpretable. Por ejemplo, referentes al paro tenemos la EPA y el SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal); y parece que a veces dicen cosas contrarias. Las interpretación de las estadísticas requiere de un conocimiento especializado de las mismas. Los institutos estadísticos no pueden interpretar los datos. Creo que le corresponde al mundo académico colaborar en las interpretaciones, con análisis rigurosos.

¿Esto sucede en todos los países?

En otros países el problema del paro no es tan grave. Aquí hay una tasa altísima y, sobre todo, un problema de precariedad y de dualidad del mercado. Los datos siempre se usan de forma política, con interés propio, pero en España, tal vez, más. En uno de los últimos debates entre los candidatos a la presidencia del Gobierno se habló de la temporalidad y fue una discusión dramática. El problema en España es que no se va más allá de la superficie, y de esta forma no aprendemos. Si no detectamos bien el problema es imposible solucionarlo. Si unos lo niegan y otros lo exageran, es imposible corregirlo.

¿Qué tasa de temporalidad hay en el mercado laboral español?

Rajoy decía que tres de cada cuatro trabajadores tienen un contrato indefinido, el resto decían que nueve de cada diez tienen contrato temporal. Y las dos cosas son ciertas. Las fuentes estadísticas es lo que dicen, pero luego hay que analizar esos datos y explicar el problema.

Y, cuando se analizan esas estadísticas, ¿qué resultado se obtiene?

Si ahora haces una foto del mercado laboral, 3 de cada 4 personas tienen un contrato indefinido y hay uno que tiene un contrato temporal, hoy. Pero el que tiene contrato temporal, mañana probablemente estará en el paro y le sustituirá otro. Entonces lo que ocurre es que los temporales son más de un cuarto. Si coges a lo largo de todo el año, ves que hay mucha gente que está en la temporalidad, en la precariedad, y lo que ocurre es que un día salen en la foto y otros no. Entonces, ¿cuántos han sido temporales a lo largo de un año? Más, alrededor de un tercio de los trabajadores. Las estadísticas te dan solo un fotograma, luego hay que mirar al conjunto.

Pero hay encuestas mensuales, trimestrales. ¿La manera correcta de analizar los datos es anual?

Todo tiene que ver con la honradez del mensajero. Si exageras o minimizas el problema es lo mismo que darle la espalda. Se ha repetido miles de veces que gran parte de la precariedad se debía, al menos antes de la crisis, a la construcción. ¿Eso es así? No. El año pasado hemos batido el récord de temporalidad. Ha habido más de 16 millones de contratos temporales en un año y hay más de dos millones menos de empleos en la construcción y en industrias auxiliares. Por tanto, no puedes echarle la culpa a ese sector. El tema de la precariedad tiene mucho que ver con la cultura que se ha ido fomentando en los últimos 30 años y que será muy difícil de erradicar sin cambios regulatorios e incentivos.

¿Se está avanzando en esa dirección?

Estamos emprendiendo un nuevo camino y hay una nueva preocupación: la economía digital, pero en el actual escenario político nadie habla de ello. Hablamos de la robotización pero no de cómo está cambiando las relaciones laborales. Por ejemplo en Estados Unidos acaba de surgir un sindicato de freelance, de trabajadores autónomos muy potente. La uberización del trabajo ¿Qué significa esto en el mundo de la empresa? Pues que ahora resulta mucho más fácil contratar por horas. No sólo en empleos que requieren de menos cualificación. Hay gente que se ha especializado en hacer algo muy bien y le contratan por horas. Eso está pasando en Estados Unidos, donde incluso contratan así a directivos. Son personas que trabajan para muchas empresas a la vez haciendo una cosa determinada que saben hacer muy bien y tienen buenos salarios. Pero en este contexto, ¿qué ocurre con la Seguridad Social? Un autónomo puede cotizar al mínimo durante años. Este tipo de economía generará serios problemas de ingresos a la Seguridad Social.

Aquí parece que no se ha abierto ese debate.

No. En otros países como Francia, sí. Están debatiendo soluciones como, por ejemplo, cuentas individuales. Mi impresión es que o lo intentamos controlar ahora o pronto generará serios problemas con la protección del empleo, la protección al desempleo, las prestaciones sociales.

En España tenemos el problema de los falsos autónomos.

Sí, pero esto es una reacción de los empresarios contra una legislación.

¿Cómo se soluciona el problema de la Seguridad Social? ¿Financiándola con impuestos…?

Habrá que buscar fórmulas, vías alternativas. Asturias, por ejemplo, es una comunidad con déficit en la Seguridad Social desde hace más de diez años. Nuestras pensiones suponen un 17% de lo que producimos y solo ingresamos un 8%. Esto es lo que nos decían que iba a tener España en 2050. Pero, de momento, como contamos con una caja única y parece que estamos protegidos, hay una especie de desidia, una inercia, que evita el planteamiento político del problema.

¿Qué países están más avanzados en estos debates?

De momento, Estados Unidos. Pero el problema es que aún no hay demasiadas estadísticas, allí tampoco. Se habla de decenas de millones de personas que ya están trabajando de forma independiente. Muchos complementan su empleo asalariado con otras situaciones laborales. La uberización del trabajo está llegando a todas partes. No son solo taxis, son hoteles, restaurantes, sectores que están desarrollando un nuevo contexto laboral donde los salarios y otras condiciones laborales, los contratos y la protección del empleo ya no se determinarán de la forma tradicional.

¿La economía colaborativa es el futuro?

Va tener un peso muy importante, aunque seguirá habiendo empresas muy grandes y también pequeñas, aunque no tendremos claro cuál es su tamaño real. Por otra parte, los empresarios van a querer seguir haciendo contratos indefinidos pero esta opción será menor. La fórmula de contratar por móvil es muy fácil. La digitalización de las relaciones laborales extiende además el fenómeno de la globalización en el ámbito laboral. Ahora buscas a alguien para una tarea determinada y encuentras a una persona que te lo hace desde la India.

En definitiva, está en cuestión el modelo de Estado del bienestar.

Mi preocupación está más ahí que en la adaptación del trabajador a este nuevo contexto de relaciones laborales. Habrá que debatir pronto y aportar soluciones sobre cómo se financiará, dado que las vías tradicionales no serán suficientes.

Hasta ahora estaban los sindicatos para proteger y garantizar una serie de derechos. Si esto tampoco va a existir, ¿entonces quién va a defender a los trabajadores?

El problema es que las estructuras sindicales que conocemos ya no son las adecuadas para hacer frente a retos tales cómo la uberización del trabajo. No quiere decir que no hagan falta. Todo lo contrario. En Nueva York ya ha surgido un gremio de conductores independientes por medio de Uber. Surge, de nuevo, la necesidad de estar asociados para defender unos derechos. Esto va a existir siempre, pero será con nuestras estructuras asociativas y demandas distintas de las que se hacen a los sindicatos tradicionales. Surgirán cada vez más conflictos entre el viejo y el nuevo modelo.

¿Entre el nuevo y el viejo modelo?

Creo que la uberización del trabajo puede generar un conflicto intergeneracional más rápido de lo que se podía prever sólo con el envejecimiento demográfico. Ya no es sólo el menor peso de las nuevas generaciones, sino la precariedad que llevan sufriendo cohorte tras cohorte, y ahora una menor contribución financiera al sistema a través del trabajo independiente.

La singularidad tecnológica hace que muchos trabajos vayan a desaparecer. No solo empleos sin cualificación sino otros como cirujano o piloto que llegarán a hacer las máquinas. ¿Se acabará el empleo tal y como lo conocemos?

De momento, cosas muy sencillas, cosas que incluso podría hacer un niño, las máquinas no pueden hacerlas. La sustitución nunca va a ser del 100% y existen muchas complementariedades. Con la introducción de las nuevas tecnologías, siempre se produce un debate tremendo entre economistas: ¿crean o destruyen empleo? La historia dice que el saldo neto siempre ha salido positivo porque surgen nuevas actividades y ocupaciones. La preocupación de nuevo, esta vez con la inteligencia artificial, es que el empleo pueda ser seriamente dañado. Por otro lado, lo que nuevas tecnologías de la información y de la comunicación han posibilitado es que se abran muchas oportunidades: hay gente que desde un pueblo remoto del Pirineo está vendiendo sus productos a todo el mundo, por ejemplo. Y se abren oportunidades para el más débil y vulnerable. Detrás de la pantalla no se ve si uno es bajo, alto, gordo, feo, mujer, negro. Solo se ve si es bueno o no en lo que se hace. Porque en el mundo laboral surgen las desigualdades a pesar de tener la misma formación. Eso ocurre en menor medida con las nuevas tecnologías.

Sí, pero existe una desigualdad previa en la formación, en el acceso al conocimiento.

Ahí entramos en el acceso a la educación, que está muy relacionado con lo que nos ocurra, no sólo con nuestra trayectoria laboral, sino en toda nuestra vida. Ahí es donde hay que actuar definitivamente.

Pero precisamente ahí ha habido muchos recortes.

Sí, en educación, en formación, y en políticas activas de empleo.

¿Está cuantificado ese recorte?

En formación para el empleo, por ejemplo –ahora se ha recuperado un poquito– llegó a caer el 40%. Ahora debe situarse en el 30%. A mí me preocupa, sobre todo, el recorte educativo, porque los recortes no son neutrales. Al final crees que en el presupuesto has ahorrado 1.000 euros pero depende de dónde hayas ahorrado 1.000 puede que mañana tengas que pagar 2.000. O, todo lo contrario, generar más crecimiento y por lo tanto más ingreso.

¿A qué se refiere cuando dice que no son neutrales?

Si miras los datos de educación te das cuenta de que la inversión por alumno no ha caído tanto. Y nos pueden decir ‘pues nos han vendido un recorte que no es cierto’. En realidad, lo que ha ocurrido es que muchas familias han  aumentado su gasto en educación, y han compensado así el recorte público. Pero el problema es que no todas las familias han podido hacerlo. Y las que no han podido son mayoritariamente las que utilizan la escuela pública y dependen de esos recursos públicos. Se ha recortado mucho en apoyo escolar, en atención a la diversidad, a los más vulnerables, y esos son quienes no han podido pagarse las clases extra. Los datos de abandono escolar han bajado pero los que no lo han hecho son los datos de fracaso escolar de jóvenes cuyos padres ya venían del fracaso escolar. Esto lo vas a tener que pagar mañana porque vas a tener que gastar más en políticas activas de empleo, en prestaciones por desempleo. Esto es lo que en política económica llamamos responsabilidad fiscal.

No parece que los políticos estén teniendo mucho en cuenta ese planteamiento.

La responsabilidad fiscal no es recortar para satisfacer a los mercados. Hay recortes que te van a hacer pagar más el día de mañana. La educación infantil, por ejemplo, ¿tiene que ser universal y gratuita, para todos? Los que menos acuden a la educación infantil en España son los niños de hogares de renta baja. Los de renta alta van prácticamente todos. Ahí es donde se inician diferencias entre niños que pueden luego mantenerse a lo largo de todo el periodo educativo.

El propio sistema de acceso a las plazas públicas de educación infantil no está bien pensado porque en varias comunidades autónomas el acceso a las plazas públicas de educación infantil se facilita a los niños cuyos padres trabajan, puntúan más que los que no trabajan. Al final estás haciendo un programa de educación infantil con plazas públicas para gente que se lo puede permitir en la privada, y excluyendo a los colectivos a quienes sí te tendrías que dirigir para promover la igualdad de oportunidades desde el inicio.

¿Lo que está diciendo es que hay una gran carga ideológica en cómo se han hecho los recortes?

Sí, pero también en la interpretación de los recortes. Yo no diría educación infantil (de 0 a 3 años) universal y gratuita porque hay gente que se lo puede pagar.

Pero el reconocimiento universal de ese derecho es básico para que se reconozca…

Sí, absolutamente. Pero aquí no tiene por qué haber educación infantil gratuita en el sentido de que no hay recursos para todos y lo que hay que hacer es establecer reglas para que quien tiene menos renta sea quien tiene preferencia y, además, tienes que promocionar entre ese segmento los beneficios que tiene ir a la escuela desde muy niño. Un euro bien invertido en educación infantil es el que tiene mayor rentabilidad a lo largo de todo el sistema educativo.

Pero la gran mejora en la educación en España llegó de la mano de la universalización.

En Europa la idea de que la educación y la formación son un medio para no desclasarse o perder una determinada clase social también está muy arraigada. Sin embargo, entre las rentas bajas eso no está tan claro. Hay veces que los padres se preguntan por qué sus hijos tienen que estudiar más que ellos, que pueden seguir viviendo de la misma manera que lo hacen ellos porque no está tan mal.

Un estudio reciente de Cáritas decía que la pobreza se hereda. Que el 80% de los hijos de familias pobres lo seguirá siendo en su vida adulta.

Así es. Es la transferencia intergeneracional de la pobreza. También vemos que los hijos de gente con rentas más bajas, aunque vayan a la universidad, acaban teniendo sueldos menores aun teniendo mejores notas.

¿Cómo se puede romper esa tendencia?

Nunca se rompe del todo. Creo que hay que  seguir apostando por la igualdad de oportunidades y por el mérito. El que tenga un talento tiene que poder expresarlo. El problema es cuando se ponen límites a esa igualdad y a reconocer los talentos, por creer que son incompatibles.

Si para mejorar el trabajo hay que mejorar la igualdad de oportunidades, el acceso a la educación resulta básico…

Esa es la regla número uno para todo; para mejorar el trabajo pero también para la felicidad del individuo. El acceso a una educación y formación de calidad a lo largo de toda la vida, en cualquier momento.

Y en ese aspecto, ¿España dónde está? ¿Hemos mejorado o retrocedido?

En el tema de igualdad de oportunidades faltan estudios que prueben una cosa u otra claramente. Yo tengo la intuición de que ha empeorado porque los recortes no son neutrales y porque los recortes de gasto público tampoco son neutrales en sí. Sí hay datos que muestran que ha habido recortes brutales en algunas comunidades autónomas en apoyo al estudiante, por ejemplo, y por lo tanto esto tiene que tener efectos. Todavía no se han medido pero se hará. La I+D también es importante pero también en esta materia ha habido grandes recortes. ¿Cómo podemos pensar en crecimiento económico sin I+D? Esto significa menor crecimiento para mañana y esto, a su vez, son más gastos en prestaciones para mañana.

Pero el modelo neoliberal apunta hacia la desaparición de las prestaciones, diciendo que son vagos, que no quieren trabajar…

Entre los economistas, creo que cabe claramente distinguir dos extremos. A unos les da igual hablar de educación que de gominolas; el Estado no tiene que financiar gominolas, ni tampoco educación, los impuestos tendrán que ser mínimos, etc. Nunca entenderán por qué la educación pública es importante, que no sólo forma parte del Estado de bienestar de un país, sino que es necesario para su crecimiento. En el otro extremo están los que creen que todo se puede arreglar a través del sector público, desde el problema del paro hasta el sistema financiero. En lo personal, intento huir de ambas perspectivas. Creo que se basan en un serie de apriorismos que en muchas cuestiones no encajan con la evidencia empírica.

¿Qué ocurre con la brecha salarial de género?

En los países escandinavos han encontrado desde hace tiempo mecanismos de igualdad de oportunidades que se extienden a varios ámbitos sociales, que van desde la escuela (pública al 100%, incluyendo la universidad) a la igualdad que han obtenido en el mercado de trabajo, en salarios con una negociación colectiva tradicionalmente muy centralizada. Las diferencias salariales entre hombres y mujeres son reducidas. Pero la sorpresa viene cuando miras la segregación ocupacional. Tienes mujeres para unas ocupaciones y hombres en otras. Estados Unidos es lo contrario: diferencias salariales enormes entre hombres y mujeres pero mucha menos segregación ocupacional. Así que los países nórdicos tampoco han resuelto el problema del todo. Tiene que haber igualdad e integración. Las mismas oportunidades en los mismos sitios. Hablamos de mujeres pero cualquier colectivo vulnerable, desde discapacitados a inmigrantes, tienen estos mismos problemas. La cuestión no es tan sencilla.

¿Cuáles son las particularidades del mercado español? ¿Por qué tenemos una tasa de paro tan elevada?

El paro en España es de un 22% más o menos. Italia tiene el 10% pero en términos de empleo está peor que nosotros. El paro es algo que cambia entre países pero que te da una señal distinta. Nosotros tenemos más paro porque somos un país más activo que Italia donde las mujeres a los cuarenta y tantos abandonan el mercado de trabajo. No están activas y, por lo tanto, no son consideradas como paradas.  Las tasas de empleo u ocupación, es decir, el porcentaje de población empleada en edad de trabajar te dan una visión algo distinta. Si miramos la evolución de esta tasa, antes de la crisis estábamos cerca de Alemania y habíamos pasado a Francia en porcentaje de empleados. Lo que no hay que olvidar es que gran parte de nuestros males está en nuestro retraso educativo, un retraso que ya se generó hace siglos. En Estados Unidos el nivel de abandono escolar a principios del siglo pasado era parecido al nuestro antes de la crisis; el porcentaje de jóvenes que iba a la universidad en Estados Unidos en la época de la guerra de Vietnam es lo que nosotros tenemos desde hace pocos años, y el nivel de alfabetización que tenía Escandinavia en el siglo XVII es el que tenían los españoles al inicio de la Transición. Estos retrasos luego también se pudieron constatar en materia de alfabetización digital. Aunque vamos convergiendo poco a poco, los demás siguen avanzando también, siempre con una ventaja.

¿Entonces?

Las mejoras educativas que has hecho hoy las irás viendo pero lo que no has hecho hoy lo vas a sufrir durante al menos 40 años, toda tu vida laboral. Todo el abandono escolar que hemos tenido –todavía hoy tenemos un 20%, que es bestial– marcará nuestro mercado de trabajo para los próximos 40 años.

¿Qué se puede hacer ahora con esa gente?

Políticas activas de empleo y formación. En un contexto que demanda más educación, ese es el problema. Las nuevas tecnologías están sesgadas a favor de las personas que adquieren un mayor nivel de educación. Con lo primero que han acabado es con las tareas repetitivas. Los más afectados en los últimos 20 años han sido los administrativos. Donde necesitabas a 4, ahora con un software sólo necesitas a una persona, y muy probablemente tengas el servicio externalizado. La clave está en la formación y la educación. Determinados conocimientos, como los idiomas, han pasado a recompensarse con un mayor salario, a simplemente penalizarse con la imposibilidad de conseguir un empleo si no se tienen.

¿Qué peso tiene el turismo en el mercado laboral español? ¿Somos un país de camareros?

No. Pero sí está creciendo el peso de la hostelería en esta fase de recuperación. Del millón de empleos que hemos creado en los últimos dos años, el 23% se ha producido en la hostelería.

Pero es un empleo muy precario, muy estacional.

Sí, y ahí te preguntas por qué en Canarias, donde la temporada es alta todo el año, tienen tanta precariedad. Canarias es el sitio de España con mayor temporalidad. ¿Por qué? ¿Será la regulación? Probablemente. La cultura, el abuso que hay detrás de esto. Llevamos tres décadas, desde mediados de los ochenta que se cambió la legislación, con temporalidad creciente. Hemos llegado a ser el país más precario de Europa en términos de contrato. Ahora es Polonia.

¿Así que somos los segundos de Europa en precariedad?

Por contrato temporal en cada momento, sí.

¿Qué daño hace ese contrato temporal?

La semana pasada salió la sentencia del Tribunal de Justicia Europeo y cada uno ha interpretado una cosa para no hablar del problema y de su resolución. La temporalidad es como el colesterol:  hay una buena y otra mala. Si en verano crece el empleo en la hostelería muchas personas pueden encontrar un trabajo: estudiantes… Eso es bueno. El colesterol malo es el del abuso. En España el sector público es el peor empleador del país. Puedes tener a una persona durante 10 años con un contrato en el que no le vas a reconocer ninguna indemnización. En el sector de la sanidad los médicos tienen en media más contratos que en los peones de la construcción. Eso pasaba incluso antes de la crisis. ¿Cómo es posible que el sector supuestamente más cualificado sea un sector tan precario?

¿Eso cómo es posible?

Porque mucha gente ha aprovechado la legislación, entre ellos el sector público. Te ahorras costes laborales: para conseguir un trienio o un quinquenio tienes que trabajar muchos más años. Porque si hoy trabajas y mañana te mando a la calle lo que cuenta son los días que has trabajado. A mí me lo contaba una enfermera que llevaba trabajando cinco años e iba a tener derecho a su primer trienio. Sumas centenas de contratos pero no sumas prácticamente duración, es decir, antigüedad. Esto es un ahorro de costes…

¿Y qué se ahorra realmente a medio plazo?

Te ahorras costes que en realidad no suponen un ahorro real. ¿Crees que si cambias de médico cada poco a un paciente vas a mejorar sus problemas de salud? ¿No van a aumentar los gastos farmacéuticos? ¿Vas a resolver su problema de salud o lo vas a empeorar? ¿Qué exceso de gasto farmacéutico provoca la precariedad laboral? ¿Has ahorrado precarizando? Probablemente no. Este también es un ejercicio de responsabilidad fiscal. Más allá de que tengas o no conciencia de la precariedad, de que esta sea justa o injusta, es una irresponsabilidad clara.