divendres 28 novembre 2014

Materials complementaris sobre “La fragmentación del poder europeo”

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PER QUÈ AQUEST LLIBRE?

En un cicle que s’interroga sobre el futur de la política democràtica no podia faltar de cap manera un llibre sobre Europa. En torn  de la idea d’Europa i del projecte de  la seva unitat política ha cristal·litzat un model ideal que conjuga drets humans, democràcia política, economia de mercat, societat del benestar i relacions tallerdepolitica internacionals pacífiques. Però avui, aquest model ideal trontolla i els dubtes  bloquegen la capacitat d’acció de l’Europa unida. En pocs anys, Europa ha passat de ser considerada com la “ciutat ideal” del nou segle a ser vista com un actor gairebé irrellevant en un escenari mundial  dominat pel vigor de les potències emergents. Un escenari en el que es proposen models polítics diferents als de la democràcia, en el que una mena de capitalisme d’estat autoritari es postula com a més eficaç i  en el que les relacions internacionals tornarien al patró clàssic de la dura i pura correlació de forces. 70-464

José Ignacio Torreblanca en “La fragmentación del poder europeo” analitza les fortaleses i les febleses europees. Alerta contra la ciclotímia europea que oscil·la  entre una eufòria exagerada sobre les virtuts de la construcció política europea  i la desesperança derivada del fracàs del procés constituent europeu i de les dificultats per gestionar adequadament la crisi de l’eurozona. Però, d’altra banda, no s’està de situar Europa davant dels seus límits, tot  fent un repàs crudament realista de la seva irrellevància en el nou context mundial, constatant que la percepció del declivi d’Europa (del declivi d’Occident?) compta amb sòlids fonaments.

Per superar aquesta recaiguda en l’europessimisme, Torreblanca proposa relativitzar el declivi europeu, tot situant l’actual moment europeu en la perspectiva històrica de tot el segle XX. Si bé Europa va suïcidar-se com a actor hegemònic mundial en la primera meitat del segle -amb dues guerres mundials incloses-, també va ser capaç de reinventar-se durant la segona meitat del segle, amb una proposta de convivència que ha comportat el període més estable de pau, llibertat, prosperitat i benestar de la seva història. D’aquesta lliçó de la història, Torreblanca conclou que no està escrit en el guió del segle XXI que aquest hagi de ser el del declivi definitiu d’Europa.

PÀGINES ESCOLLIDES

“’¿Ha recorrido la idea de Europa su trayectoria, de tal manera que carece de futuro sustantivo?’, se preguntaba George Steiner. [...] es innegable que los europeos se enfrentan a enormes dificultades en un número de campos lo suficientemente amplio como para generar preocupación, e incluso alarma. Conocer las debilidades propias es fundamental, pues solo a partir de su conocimiento es posible mejorar y superarse. Por tanto, los europeos hacen bien en hablar de cómo su poder militar y diplomático está fragmentado, de cómo su economía está anquilosada, de cómo su demografía está en declive, de cómo su relevancia está en retroceso y de cómo su atractivo es cada vez menor.” (p.208)

“El declive de Europa relativo a los demás es cierto y tangible, negarlo sería suicida [...] Conviene no olvidar que cualquier predicción (sobre el declive de Europa …) se basa en la estimación de la trayectoria que seguirá una variable partiendo de su comportamiento anterior. El problema es que nuestras predicciones parten siempre de parámetros existentes, por lo que dejan fuera todos los futuros que, de puro desconocidos, no pueden ser extrapolados del presente. Dicho de otra manera, antes de abandonarse al pánico, salir corriendo al grito de ‘¡Que viene China!’ y dar el siglo XXI por perdido, los europeos podrían, como aconsejaba Pere Vilanova …, ponerse en el lugar de lo que sabían los europeos en 1810 o 1910 sobre cómo iba a ser el siglo XIX o el XX y comprobar con consternación hasta qué punto los europeos que reflexionaban sobre su futuro ignoraban prácticamente todo acerca de cómo serían los 90 años que les quedaban por delante hasta completar el siglo”. (p.210)

“Si la historia nunca ha sido lineal, es difícil pensar que vaya a serlo a partir de ahora. Las naciones … no son organismos vivos que se sometan a procesos de auge y declive biológico … Y cierto que la demografía europea muestra un indudable envejecimiento orgánico de los europeos. Sin embargo, el declive demográfico no es algo que no pueda ser contrarrestado  …” (p.211)

“Tampoco podemos descartar que a la hora de hablar de declive estuviéramos usando varas de medir equivocadas, incompletas o sesgadas. ¿Es el poder militar la verdadera medida de influencia y, en consecuencia, de las posibilidades de supervivencia de Europa en el mundo del siglo XXI? … ¿y si el poder militar no fuera la causa de que los estados tuvieran mucho poder, sino solo una consecuencia más de la existencia de dicho poder? Si fuera así, deberíamo buscar el verdadero poder … en otros ámbitos. ¿Pero por dónde comenzaríamos? ¿Por el poder económico? …” (p.212)

“El poder económico, lo midamos como lo midamos, ¿no sería a su vez el resultado de una combinación de factores políticos, tecnológicos y comerciales muy intímamente relacionados? ¿No es el éxito económico reflejo del éxito político y social? ¿Y éstos no dependen a su vez de la cultura y de la identidad? Dejándonos llevar por este argumento, ¿acabaríamos afirmando que la cultura es el último árbitro del poder? ¿Tendría sentido entonces describir el poder militar como el hardware de los estados y la cultura como el software? Si esto fuera cierto, los europeos deberían seguir haciendo aquello que se les da bien (mantener sociedades abiertas y cohesionadas capaces de innovar y crear) y no obsesionarse con aquellos que se les da mal (mantener ejércitos y una política exterior destinada a comprar las voluntades de aquellos que tienen materias primas)”. (p.212)

“Debemos pues pensar otra vez sobre Europa, el poder y el declive. Ello requiere … dejar de lado de una vez por todas el recurso a categorías como pesimismo u optimismo …” (p.212)

“Supongamos … que el declive de Europa es real. ¿Y cómo se explica entonces que en toda su historia Europa nunca haya sido tan próspera, tan libre, haya estado tan unida ni haya disfrutado de tanta paz? …

Es más, una de las virtudes del éxito de Europa es que este no ha quedado confinado a la fronteras del continente europeo … Las instituciones centrales [democracia, derechos humanos, economía de mercado] de nuestra civilización han adquirido un valor universal …” (p.214)

“Si echamos la mirada atrás lo que vemos es una Europa … que ha resurgido de sus cenizas. ¿Qué aportó Europa en la primera mitad del siglo XX? Nada menos que dos guerras mundiales, el imperialismo, el fascismo y el comunismo. Sin duda, Europa se suicidó moralmente en la primera mitad del siglo XX … Desde el punto de vista histórico, Europa dejó de existir ya en 1945 … Europa siguió siendo el principal teatro del mundo durante algunas décadas más, el lugar donde se desenvolvía el nuevo drama de la competencia entre las dos superpotencias, EEUU y URSS. Pero una cosa es que el futuro del mundo se jugara en Europa … y otra cosa bien distinta es que Europa fuera la que decidiera sobre ese futuro”. (p.215)

“Por tanto, el declive de Europa, por cierto que fuera, no tendría nada de extraordinario y tampoco debería resultar preocupante. Es más, podría incluso tener consecuencias positivas [...] Es tras la descolonización, precisamente en el momento en que Europa deja de ser relevante en el mundo, cuando sus ciudadanos han alcanzado mayores cotas de bienestar. Si además, como hizo Reino Unido con EEUU, Europa pudiera transferir sus valores a un nuevo imperio o grupo de potencias emergentes de tal manera que este o estos continuaran portando la antorcha de los valores europeos (al fin y al cabo, universales), tampoco habría que lamentarse mucho … Así que, en el peor de los casos, EEUU ofrecería un relevo bastante aceptable del liderazgo europeo …

El problema, se dirá, no es EEUU, sino China … Si utilizamos términos relativos, las cosas no tienen arreglo: independientemente de lo que hagamos los europeos, China seguirá creciendo más rápido que nosotros durante bastante tiempo, lo que significa que, haga lo que haga la UE, China será más grande que ella económicamente … (p.217-218)

“Si el objetivo de un país es crecer más rápido que nadie, sin duda China es el modelo. Pero si el objetivo es garantizar el bienestar de los ciudadanos, Europa sigue siendo el modelo, y Japón más aún. Los europeos hace tiempo que dejaron de competir por superarse los unos a los otros en un juego de suma-cero en el que lo que gana uno lo pierde el otro. Carece pues de sentido que se obsesionen con recrear con China o con Rusia un juego al que dejaron de jugar hace tiempo. Ante el previsible alcance de EEUU por China, uno puede, como hacen los americanos, comenzar a pensar en una nueva Guerra Fría y, en consecuencia, comenzar a rearmarse. También, como hacen muchos europeos, pueden arrojarse en los brazos del nuevo hegemón chino, implorar clemencia y esperar a cambio que China se apiade de Europa y le ayude a resolver sus problemas financieros. Pero existe una tercera vía: para que la economía china sea tan grande como la de EEUU, se requiere que, entre 2010 y 2050, el tamaño de la economía mundial pase de 58 a 150 billones de dólares, es decir, que triplique su tamaño … Resulta imposible creer que los europeos no sean capaces de encontrar un hueco en una economía de 150 billones de dólares. Las oportunidades pueden estar pues escondidas en el reverso de las amenazas.” (p. 220)

“El siglo XXI, sin duda, será asiático. Y lo será porque … ya es asiático en términos demográficos y económicos. Que China en particular y Asia en general vayan a tener un papel de primer orden durante todo este siglo y que vayan a influir sobremanera no quiere decir que necesariamente tengan que dominar a los demás o que, inevitablemente, estemos ante una hegemonía china. Mandar y liderar son dos cosas distintas: puede que EEUU o Europa estén perdiendo o hayan perdido hace tiempo la capacidad de que los demás les obedezcan, pero ni mucho menos ha perdido la capacidad de formar coaliciones, señalar caminos, sugerir alternativas y apuntar soluciones, es decir, su capacidad de atracción.” (p.220-221)

“… hay que rebelarse contra la idea de que el hecho de que la economía europea esté en declive relativo respecto a la China implica que los valores europeos han perdido la batalla y deban ser abandonados o escondidos en un cajón. ‘Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros’, parece ser la filosofía que algunos líderes europeos están prestos a adoptar cuando se trata de lidiar con China o Rusia. Pero lo que no nos debe deslumbrar es que el país más grande del mundo, donde vive un quinto de la población mundial, tenga la economía más grande del mundo, pues lo contrario sería sumamente anómalo. En ese sentido, el auge de China, más que un milagro, es una corrección histórica. Lo que nos debe deslumbrar, y llevarnos a creer más en nosotros mismos, es que un país tan aparentemente poderoso muestre una debilidad tan grande como la que hay detrás de la desproporcionada pena impuesta al premio Nobel de la Paz, Liao Xiaobo, y la arbitraria y escandalosa detención del artista Ai Wei.” (p.223)

“… desgraciadamente para la UE, el tiempo ha dejado de jugar a su favor. Por un lado, hay en el mundo otros proyectos de organización política, económica y social distintos del europeo, que no aspiran ni mucho menos a imitar el modelo europeo. Mientras el tiempo corre y el principal valedor de los intereses europeos, EEUU, comienza  a pensar en un mundo posamericano, los europeos contemplan el auge de China y la reticencia rusa a imitarlos como los últimos aldabonazos en su vocación de imponer sus valores y principios a los demás. Así que, aunque la razón histórica pueda estar del lado de la UE, que la historia no se atiene a razones morales ni da la razón a quien la tienen también es algo sobradamente conocido.” (p.225)

“Contra lo que esperaban muchos, Europa no se hará sola, por mera sedimentación geológica. Las políticas comunes han creado actores políticos y económicos pero no el tipo de ciudadano europeo que conforma un demos. Ni hay demos ni hay ágora ni hay república europea. Pero Europa tampoco se hará por un diseño de encargo pensado entre unas élites especializadas. Ello no quiere decir que Europa no se pueda construir, ni hacia dentro ni hacia fuera … El tener un código genético introvertido no impide a Europa poder llegar a ser un actor internacional relevante, cohesionado y exitoso.” (p.226)

“El discurso del declive requiere, por tanto, algunas matizaciones. Una cosa es el declive relativo, mensurable empíricamente en datos y contrastable mediante el recurso a la comparación, y otra cosa bien distinta es el ‘declinismo’. Por ‘declinismo’ entenderíamos la ideología del declive, es decir, la creencia en la irreversibilidad del declive europeo. La diferencia entre una teoría y una ideología es que la primera aspira a describir el orden existente de las cosas mientras que la segunda aspira a crear un orden de las cosas distinto al actual. Así pues, mientras que las teorías sobre el declive europeo se pueden verificar o falsar total o parcialmente con datos y argumentos, la ideología del declive europeo no se puede confirmar ni refutar (excepto que se le oponga otra ideología sobre el orden deseado de las cosas). Se entiende así que el debate actual sobre la irrelevancia de Europa tenga, por un lado, una dimensión fáctica y, por otro, una ideológica o normativa en la que los diversos futuros (futuros imaginados) compiten entre sí. De ahí que la única manera de sacar a Europa del estado de pesimismo y postración que la invade actualmente sea promover el debate fáctico (poniendo de relieve sus limitaciones o debilidades, pero también sus fortalezas) y, a la vez, en paralelo, estimular el debate ideológico acerca de los varios futuros posibles que enfrenta la UE.” (p. 228)

“La generación de europeos que se jubila hoy nació en 1946, en una Europa devastada, y se crió entre el trauma de la guerra mundial, los horrores del fascismo y el comunismo, los escombros de los bombardeos y las cartillas de racionamiento. Sus hijos nacieron en la seguna década de los sesenta, en la época de mayor prosperidad de Europa, y alcanzaron su mayoría de edad en la década de los ochenta, coincidiendo con la caída del muro de Berlín en 1989. Los mundos de unos y otros bien poco tienen que ver, por lo que es lógico que sus expectativas sobre Europa resulten diferentes. A su vez, los nietos de la generación de los años cuarenta, nacidos en torno al cambio de siglo alcanzarán la madurez en un mundo en el que China será la primera economía del mundo. Cada generación ha hecho y hará su Europa sobre la base de sus experiencias, de sus desafíos y de los problemas que tenga que resolver. La Europa de la primera generación se hizo hacia dentro, buscando la reconciliación de los europeos y el fin de la larga guerra civil europea, que había comenzado en 1870 y terminado en 1945 con la desaparición de Europa del mapa del poder mundial. La Europa de la tercera generación, posterior a la caída del muro de Berlín, vive en una Europa en paz pero cuya prosperidad está en entredicho y sus valores puestos en cuestión por el auge de los demás.

La primera generación extrajo su vocación europeísta de las ruinas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. ¿Encontrará la tercera generación su fortaleza y sentido del destino en el declive de Europa? Para algunos, los datos y argumentos que revelan nuestro declive deben ser escondidos del público y hurtados del debate, pues supuestamente ponen en entredicho el proyecto europeo y dan alas a los enemigos de la idea europea, dentro y fuera de sus fronteras. Pero para otros, entre los que me encuentro, es precisamente la verdad inapelable de esos datos sobre el declive de Europa en la que se encuentra la motivación y los argumentos para construir una Europa mucho mejor, una Europa que no solo proyecte sus valores hacia dentro, sino también hacia fuera, y que no abdique tan fácilmente de sus responsabilidades. Reflexionar sobre la crisis de Europa no acelerará su declive, sino que ayudará a combatirlo porque, como decía Steiner, la esencia de Europa como forma de civilización está precisamente en su capacidad de reflexión: ‘una vida no examinada’, decía Steiner, ‘no merece la pena ser vivida’.

El siglo XXI no exige en su guión el declive de Europa. El futuro no está escrito, luego puede ser escrito por aquellos que tengan una visión. El proyecto europeo con sus altos estándares de paz, libertad, prosperidad y equidad, sigue representando una ideología sumamente aceptable en la que merece la pena creer y por la que merece la pena trabajar.” (p.229)

SOBRE JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA

José Ignacio Torreblanca és un dels analistes de política inernacional més seguits a Espanya des de les pàgines del diari El País i dels seus blocs  “A golpe de azul” i “Café Steiner”. Al mateix temps és el director de la Oficina a Madrid del primer think tank paneuroepeu, l’European Council of Foreign Relations (ECFR). També és professor titular de la UNED i està vinculat a la revista Foreign Policy en español i al “Observatorio de Política Exterior” de la Fundación Alternativas.

SOBRE EL LLIBRE

Una recopilació sobre el ressò del llibre, amb dels actes de presentació,  les video-presentacions del mateix autor i  les ressenyes i crítiques publicades pot trobar-se a la pàgina web de l’Oficina de Madrid del European Council of Foreign Relations. Destaquem dues d’aquestes ressenyes:

SOBRE EUROPA

Per seguir l’evolució recent de la Unió Europea proposem una selecció de 3 llibres, 5 revistes, 5 think tanks i 5 blocs, conscients però de deixar-nos referències de gran importància:

Llibres

  • Tony JUDT. Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. Taurus. Madrid, 2006
  • Mark LEONARD. Por qué Europa liderará el siglo XXI. Taurus. Madrid, 2005
  • Richard YOUNGS. Europe’s decline and fall. Profile Books. Londres, 2010

Revistes

Think Tanks

Per fer una immersió en el món dels think tanks resulta molt útil l’anàlisi que en realitza el programa “Think Tanks and Civil Society” de la Universitat de Pennsylvania i que tot just acaba de publicar el rànquing dels millors think tanks mundials.

Una relació dels principals think tanks europeus pot trobar-se en el següent directori:

D’entre aquests en destaquem els 5 següents:

Blocs

A més del blocs ja citats de José Ignacio Torreblanca, en destaquem els 5 següents:

2 Comentaris

  1. Jaume Bellmunt escrigué:

    Dues noves referències per enriquir el debat:

    1. La valoració de la política exterior europea que publica anualment el think tank “European Council on Foreign Relations: “European Foreign Policy. Scorecard 2012″ a http://www.ecfr.eu/scorecard/2012
    2. El suplement “Europa” que editen conjuntament els diaris El País, Le Monde, La Stampa, The Guardian, Gazeta Wyborcza i Süddeutsche Zeitung a http://www.elpais.com/especial/europa

  2. Arseni Gibert escrigué:

    A més del llegir coses de Torreblanca (el llibre, no) i d’unes notes preses en la sessió presencial del Club, tan sols he fullejat una petita part del material addicional suggerit, cosa que comporta una notable indocumentació i una inevitable simplificació a l’hora de fer aquest comentari sobre una qüestió tan complexa, amb tantes variables en joc. Però, potser paradoxalment, em sembla que l’edat incrementa la meva gosadia per intentar provocar i la meva addicció al risc.

    Vull començar dient que l’article d’Anthony Giddens potser no aporta moltíssim però jo el puc compartir. D’altres no. A partir d’ara, més que un comentari potser es tracta d’uns apunts massa simples i d’unes preguntes al vent (o a qui les vulgui respondre):

    Si hagués de triar entre un equip d’analistes sobre el futur d’Europa format per economistes, politòlegs i experts especialitzats o un equip format per historiadors i filòsofs generalistes, m’inclinaria pel segon equip. Intuïtivament, no tinc cap argument sòlid. O com a molt un pseudo-argument: tinc la creixent impressió que per part dels especialistes en “Europa” es subestima el factor velocitat (necessitat urgent de + velocitat).

    Més enllà de la crisi econòmica i del dèficit democràtic, no hi ha massa símptomes de relaxació moral i de la cultura de l’esforç? Cas que si, no s’hi hauria de posar una forta atenció?

    La construcció europea és -ara- compatible amb la comprensió o complicitat amb els nacionalismes en general i -sobretot- amb els estatals en particular?

    Sense qüestionar la necessitat de preservar el welfare (tot i que probablement amb grans canvis conceptuals i materials) com a model europeu del qual estar orgullosos, sinó només plantejant un possible problema de la seva definició correcta, un parell de preguntes:
    Hem de considerar el welfare un model europeu entès com un dret universal de la espècie humana i, per tant, viable la seva projecció o implantació al món globalitzat, o és més aviat un privilegi de menys del 20% de la humanitat i de difícil projecció universal, fet que posa en crisi determinat ús abusiu del mot “solidaritat”? La seva relativament ràpida extensió a Europa no te com a una de les seves explicacions la tolerància i fins i tot el finançament indirecte per part del món de l’economia de mercat per tal de frenar, durant la guerra freda, la clara temptació de l’esquerra europea d’optar per l’adhesió al sortosament ja fracassat (d’això en podem parlar un altra dia) model alternatiu?

    Finalment, per aquestes i altres raons, no cal –ara- repensar més radicalment el model i el ritme de la construcció europea?

Els comentaris estan tancats per aquest article.

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